Saltar al contenido
Aulapedia

¿Desde dónde enseñas?

Adaptamos cursos y grados, vocabulario, tamaño de papel (A4 o Carta) y currículo (LOMLOE o NEM). Las páginas no cambian de dirección.

Fábula · 6 a 9 años · 4 min

El jaguar que rugía por todo

En lo más profundo de la selva vivía un jaguar joven llamado Balam. Era fuerte y ágil, y tenía la piel dorada salpicada de manchas negras con forma de flor. Pero tenía un problema: se enfadaba por todo, y cuando se enfadaba, rugía.

Si una rama le golpeaba la cara, rugía. Si la lluvia le estropeaba la siesta, rugía. Si un mono se reía cerca de él, aunque no se riera de él, rugía tan fuerte que los pájaros salían volando y las ranas se escondían bajo las hojas.

Poco a poco, los animales empezaron a dar un rodeo para no pasar cerca de Balam. Cuando él llegaba al río, todos se marchaban. Cuando quería jugar, no encontraba a nadie.

—Nadie quiere estar conmigo —refunfuñó un día, y estuvo a punto de rugir también por eso.

Una danta vieja, que se bañaba tranquilamente en el río, lo oyó.

—¿Sabes qué le pasa a tu enfado? —le preguntó—. Que es como una tormenta: cada rugido lo hace más grande.

—¿Y qué hago, entonces? ¿Me lo trago?

—No. Enfadarse es normal; a mí también me pasa. Pero antes de rugir, prueba esto: mira tu pata, cuenta cinco manchas despacio y respira hondo con cada una. Después, si todavía estás enfadado, dilo con palabras.

A Balam le pareció una tontería, pero no tenía nada que perder.

Al día siguiente, un tucán dejó caer una semilla justo sobre su cabeza. Balam sintió que el enfado le subía por el pecho, caliente como una brasa. Abrió la boca para rugir… y se acordó. Miró su pata. Una mancha, y respiró. Dos manchas, y respiró. Tres, cuatro, cinco.

El fuego del pecho se había convertido en una chispa pequeñita.

—Tucán —dijo entonces, con voz firme pero tranquila—, me ha molestado que me tiraras la semilla.

—¡Uy, perdona! —contestó el tucán—. No te había visto.

Y eso fue todo. Nadie salió volando. Nadie se escondió.

No siempre le salió bien. A veces solo llegaba a la segunda mancha y se le escapaba un rugido. Pero cada día contaba un poco mejor. Y una tarde, cuando bajó al río, los monos no se marcharon: le hicieron sitio en la orilla y le preguntaron si quería jugar.

Moraleja: Enfadarse es normal; lo importante es lo que haces con tu enfado.

Después de leer

  1. 1. ¿Qué hacía Balam cada vez que se enfadaba?

    Respuesta orientativa

    Rugía tan fuerte que asustaba a todos los animales.

  2. 2. ¿Qué truco le enseñó la danta?

    Respuesta orientativa

    Contar despacio cinco manchas de su pata, respirar hondo con cada una y, después, decir con palabras lo que le molestaba.

  3. 3. ¿Por qué los animales dejaron de acercarse a Balam?

    Respuesta orientativa

    Porque sus rugidos los asustaban y nunca sabían cuándo iba a enfadarse.

  4. 4. ¿Por qué dice la danta que el enfado es como una tormenta?

    Respuesta orientativa

    Porque, si se alimenta con rugidos, crece; y si se respira, se calma y acaba pasando.

  5. 5. ¿Qué haces tú cuando te enfadas? ¿Qué truco podrías inventar, como el de las manchas?

    Respuesta orientativa

    Respuesta abierta. Se valora que reconozca sus reacciones y proponga una estrategia concreta: contar, respirar, apretar una pelota, alejarse un momento…

Palabras para aprender

ágil
Que se mueve con rapidez y facilidad.
salpicado
Con manchas o puntos repartidos aquí y allá.
dar un rodeo
Ir por un camino más largo para no pasar por un sitio.
brasa
Trozo de leña o de carbón encendido y al rojo.
danta
Otro nombre del tapir, un mamífero grande de hocico alargado que vive en las selvas de América.

Ideas para el aula

  • Inventa tu propio truco para calmarte, como el de Balam, y dibújalo en una tarjeta para tenerla siempre a mano.
  • Practica con un compañero la frase «Me ha molestado que…» en situaciones inventadas del recreo.
  • Dibuja el enfado de Balam como una tormenta que se hace más pequeña con cada respiración.

Más fábulas