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Fábula · 6 a 9 años · 4 min

El armadillo que se hacía bolita

En el Gran Chaco, donde los cactus crecen altos como torres y el sol aprieta sin piedad, vivía un armadillo pequeño llamado Tito. Era de esa clase de armadillos que pueden cerrarse por completo, como una pelota con caparazón, y Tito lo hacía a menudo. Demasiado a menudo.

Se hacía una bola cuando oía un ruido fuerte. Se hacía una bola cuando alguien le preguntaba algo. Y, sobre todo, se hacía una bola cuando tenía que hablar delante de los demás.

Aquel año no llovió. Las charcas se secaron una tras otra, y los animales se reunieron bajo un quebracho para decidir qué hacer.

—Tendremos que caminar hasta la laguna grande —dijo el ñandú, estirando el cuello—. Son tres días de camino bajo el sol, pero no hay otra agua.

Tito se quedó helado. Él sabía algo. En sus paseos nocturnos, buscando hormigas, había encontrado una aguada escondida entre los cactus, a solo media mañana de allí. Pero hablar delante de todos… Sintió que el cuerpo se le encogía y que el caparazón empezaba a cerrarse.

—¿Te pasa algo, Tito? —le susurró su amiga la vizcacha, que estaba a su lado.

—Sé dónde hay agua —murmuró él, ya casi convertido en bola—. Pero no me atrevo a decirlo.

La vizcacha no lo empujó ni le metió prisa. Se sentó muy cerca de él.

—Dilo despacio —le dijo—. Yo me quedo aquí contigo.

Tito respiró. Asomó la cabeza. Asomó las patas. Y con una voz tan bajita que al principio nadie lo oyó, dijo:

—Yo… yo conozco un agua más cercana.

Todos se volvieron a mirarlo. Tito estuvo a punto de cerrarse otra vez, pero sintió el hombro de la vizcacha contra el suyo y siguió, un poco más alto:

—Está entre los cactus, detrás de la loma. La encontré una noche. Sé llegar.

—¿Estás seguro? —preguntó el ñandú.

—Sí —dijo Tito. Y esta vez no le tembló la voz.

Al atardecer llegaron a la aguada. El agua era poca, pero clara y fresca, y alcanzó para todos hasta que, semanas después, por fin volvió la lluvia.

Tito sigue haciéndose bolita de vez en cuando, como todos los armadillos de su clase. Pero ahora sabe que, aunque le dé miedo, su voz también cuenta. Y que, cuando alguien se sienta a su lado, el miedo pesa la mitad.

Moraleja: Tu voz también cuenta, aunque te tiemble al hablar.

Después de leer

  1. 1. ¿Qué hacía Tito cuando tenía miedo?

    Respuesta orientativa

    Se cerraba como una bola dentro de su caparazón.

  2. 2. ¿Qué propuso el ñandú?

    Respuesta orientativa

    Caminar tres días bajo el sol hasta la laguna grande.

  3. 3. ¿Cómo ayudó la vizcacha a Tito?

    Respuesta orientativa

    No lo presionó: se sentó a su lado, le dijo que hablara despacio y lo acompañó mientras lo hacía.

  4. 4. ¿Qué significa que «cuando alguien se sienta a su lado, el miedo pesa la mitad»?

    Respuesta orientativa

    Que sentirse acompañado hace que el miedo sea más fácil de soportar.

  5. 5. ¿Te cuesta hablar delante de la clase? ¿Qué podrías hacer tú para ayudar a un compañero tímido?

    Respuesta orientativa

    Respuesta abierta. Por ejemplo: no reírse, escucharlo con atención, ponerse a su lado o animarlo sin meterle prisa.

Palabras para aprender

caparazón
Cubierta dura que protege el cuerpo de algunos animales, como el armadillo o la tortuga.
quebracho
Árbol de madera muy dura, típico del Gran Chaco.
aguada
Lugar con agua para beber en una zona seca.
ñandú
Ave grande que no vuela y corre muy deprisa, propia de Sudamérica.
vizcacha
Roedor de orejas largas que vive en madrigueras en el Chaco y en la pampa.

Ideas para el aula

  • Juego de la vizcacha: por parejas, uno cuenta algo a la clase y el otro se queda a su lado para acompañarlo. Después, se cambian los papeles.
  • Escribe qué le dirías a un compañero al que le da vergüenza hablar en público.
  • Investiga en qué países está el Gran Chaco y qué animales viven allí.

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