Fábula · 7 a 10 años · 4 min
El quetzal que guardaba un secreto
En el bosque de niebla, donde las nubes se enredan en las copas de los árboles, vivía un quetzal muy orgulloso de su cola. Sus plumas verdes brillaban como el agua de un lago y eran tan largas que, cuando volaba, parecían una cinta flotando en el aire.
Aquella semana, los animales del bosque preparaban una gran merienda para celebrar las primeras lluvias. Los monos aulladores habían pasado días recogiendo aguacatillos maduros y los habían amontonado con mucho cuidado sobre una roca, al borde del barranco.
Al quetzal le encantaban los aguacatillos. Voló hasta la roca para verlos de cerca y, al posarse, dio una vuelta para lucir su cola. ¡Zas! Las largas plumas barrieron el montón, y los aguacatillos rodaron, uno tras otro, barranco abajo.
El quetzal se quedó helado. Miró a un lado y a otro. No había nadie. Y voló a esconderse en lo alto de un árbol cubierto de musgo.
Al rato llegaron los monos y empezaron a dar gritos.
—¡Nuestros aguacatillos! ¿Quién ha sido?
—Seguro que ha sido el coatí —dijo uno—. Siempre anda husmeando por aquí.
El coatí, que pasaba por allí, abrió mucho los ojos.
—¡Yo no he sido! ¡Lo prometo!
Pero nadie le creyó. Los monos lo miraban enfadados, y el coatí se alejó solo, con la cabeza baja.
Desde su escondite, el quetzal lo veía todo. Sentía un peso en el pecho, como si se hubiera tragado una piedra. Esa noche no pudo dormir. Sus plumas seguían siendo brillantes, pero él ya no se sentía hermoso.
A la mañana siguiente bajó del árbol y se plantó delante de todos.
—El coatí no tiene la culpa —dijo con la voz temblorosa—. Fui yo. Quería presumir de mi cola y tiré los aguacatillos sin querer. Me escondí porque tenía miedo. Lo siento mucho.
Hubo un largo silencio. Luego, el mono más viejo se rascó la cabeza.
—Lo que hiciste ayer fue un descuido —dijo—. Lo que has hecho hoy es valiente.
Aquel día, el quetzal, el coatí y los monos bajaron juntos al barranco y recogieron todos los aguacatillos que pudieron. La merienda empezó tarde, pero nadie llegó a ella con un peso en el pecho.
Moraleja: Decir la verdad cuesta un momento; callarla pesa mucho más.
Después de leer
1. ¿Qué preparaban los animales del bosque?
Respuesta orientativa
Una gran merienda para celebrar las primeras lluvias.
2. ¿Cómo cayeron los aguacatillos al barranco?
Respuesta orientativa
El quetzal dio una vuelta para lucir su cola y sus largas plumas barrieron el montón.
3. ¿Por qué el quetzal «ya no se sentía hermoso»?
Respuesta orientativa
Porque se sentía culpable: por su silencio estaban culpando al coatí.
4. ¿Qué quiere decir el mono viejo con «Lo que has hecho hoy es valiente»?
Respuesta orientativa
Que reconocer un error y decir la verdad, aunque dé miedo, requiere valor.
5. ¿Cómo crees que se sintió el coatí cuando nadie le creía? ¿Qué le dirías tú?
Respuesta orientativa
Respuesta abierta. Se valora que se ponga en su lugar (tristeza, rabia, soledad) y proponga palabras de apoyo.
Palabras para aprender
- bosque de niebla
- Bosque de montaña donde casi siempre hay nubes entre los árboles.
- aguacatillo
- Fruto pequeño, parecido a un aguacate diminuto, que comen los quetzales.
- barranco
- Hondonada profunda y empinada en el terreno.
- husmear
- Curiosear oliendo por todas partes.
- descuido
- Error que se comete por no prestar atención.
Ideas para el aula
- Escribe lo que el quetzal le dice al coatí cuando por fin se quedan a solas.
- Investiga en qué países vive el quetzal y dibújalo en su bosque de niebla con los monos y el coatí.
- Dramatiza las dos escenas clave: la acusación injusta y la confesión del quetzal.