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Fábula · 6 a 9 años · 4 min

La abeja y la gota de néctar

En una colmena junto a un campo de lavanda vivía una abeja joven llamada Melisa. Como todas las obreras, cada mañana salía a buscar néctar a las flores y volvía con una gotita para fabricar miel.

Un día de verano, mientras regresaba a casa, Melisa hizo cuentas.

—Una gota —suspiró—. Toda la mañana volando para traer una gota. En la colmena hay miles de abejas. ¿Qué más da una gota más o una menos?

Así que, al día siguiente, en lugar de salir a trabajar, se quedó tomando el sol sobre una flor de lavanda.

Al rato, otra abeja se posó a su lado.

—¿Tú tampoco trabajas hoy? —le preguntó.

—¿Para qué? —contestó Melisa—. Una gota no se nota.

—Tienes razón —dijo la otra, y se quedó también.

Al día siguiente eran cinco las abejas que descansaban en la lavanda. Al otro, veinte. Y todas repetían lo mismo: «Una gota no se nota».

Una tarde, la abeja más vieja de la colmena las reunió frente a los panales. No dijo nada. Solo los señaló.

Muchas celdas estaban vacías. Las abejas se miraron, preocupadas. Pronto llegaría el otoño, y después el invierno, y sin miel no tendrían qué comer.

—Cada una de estas celdas —dijo por fin la abeja vieja— se llena con muchas gotas como la tuya, Melisa. Ninguna gota parece importante… hasta que falta.

Melisa sintió que se le encendían las antenas de vergüenza.

A la mañana siguiente fue la primera en salir. Y detrás de ella salieron las cinco, y las veinte, y todas las demás. Volaron de flor en flor por la lavanda, por los girasoles y por el huerto, y volvieron una y otra vez con su gotita. Poco a poco, los panales se llenaron de miel dorada.

Y al final del verano, Melisa descubrió algo más. Los girasoles que había visitado estaban cargados de semillas, y en el huerto colgaban calabazas enormes. Sin saberlo, al ir de flor en flor con el cuerpo cubierto de polen, había ayudado a que crecieran.

—Una gota no se nota —le dijo a una abeja joven que estrenaba sus alas—. Hasta que ves todo lo que hacen muchas gotas juntas.

Moraleja: Ningún esfuerzo es pequeño cuando se suma al de los demás.

Después de leer

  1. 1. ¿Qué llevaba Melisa a la colmena después de cada viaje?

    Respuesta orientativa

    Una gotita de néctar para fabricar miel.

  2. 2. ¿Qué les enseñó la abeja vieja a las abejas que descansaban?

    Respuesta orientativa

    Los panales, con muchas celdas vacías.

  3. 3. ¿Por qué cada día había más abejas sin trabajar?

    Respuesta orientativa

    Porque todas pensaban lo mismo que Melisa: que su gota no se notaba.

  4. 4. ¿Qué otro trabajo importante hacían las abejas sin darse cuenta?

    Respuesta orientativa

    Llevar el polen de flor en flor para que las plantas dieran semillas y frutos, es decir, polinizar.

  5. 5. ¿En qué tareas de tu clase o de tu casa es importante que todos aporten un poco? ¿Qué pasa si alguien piensa «lo mío no se nota»?

    Respuesta orientativa

    Respuesta abierta. Por ejemplo: recoger el aula, cuidar el huerto escolar o ahorrar agua; si muchos dejan de aportar, el trabajo no sale.

Palabras para aprender

obrera
Abeja que se encarga de buscar alimento, limpiar y cuidar la colmena.
panal
Conjunto de celdas de cera de seis lados donde las abejas guardan la miel.
lavanda
Planta de flores moradas y muy perfumadas.
polen
Polvillo que producen las flores y que, al pasar a otras flores, permite que se formen las semillas y los frutos.

Ideas para el aula

  • Experimento en clase: cada alumno echa una cucharada de agua en una jarra. ¿Cuánto se llena con la aportación de todos?
  • Investiga qué frutas y verduras necesitan a las abejas y otros insectos para crecer, y haz un cartel.
  • Escribe la moraleja de la fábula con tus propias palabras y compárala con la de un compañero.

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