Saltar al contenido
Aulapedia

¿Desde dónde enseñas?

Adaptamos cursos y grados, vocabulario, tamaño de papel (A4 o Carta) y currículo (LOMLOE o NEM). Las páginas no cambian de dirección.

Cuento clásico · 5 a 8 años · 6 min

Caperucita Roja

Había una vez una niña a la que todo el mundo llamaba Caperucita Roja, porque nunca se quitaba la capa con capucha roja que le había cosido su abuela. Cuando cruzaba el pueblo con ella puesta, parecía una amapola con piernas.

Una mañana, su madre le preparó una cesta con pan recién hecho y un tarro de miel.

—La abuela está enferma y esto le dará fuerzas —le dijo—. Ve por el camino, sin salirte, y no te entretengas hablando con nadie.

—Te lo prometo —contestó Caperucita, y se puso en marcha.

La abuela vivía al otro lado del bosque, en una casita a la sombra de tres robles. El camino olía a tierra húmeda y a musgo. De pronto, detrás de un tronco, apareció un lobo de ojos amarillos y voz muy suave.

—Buenos días, Caperucita. ¿Adónde vas tan temprano?

Caperucita no sabía que un lobo puede ser peligroso, así que se lo contó todo: que iba a casa de su abuela, que la abuela estaba enferma y que vivía junto a los tres robles.

—¡Qué buena nieta! —dijo el lobo—. ¿Y no le vas a llevar flores? Mira cuántas hay en el claro.

Caperucita vio las flores y se salió del camino para recoger unas pocas. Una amarilla, una azul, otra más bonita un poco más allá… Mientras tanto, el lobo corrió por un atajo hasta la casa de la abuela.

Toc, toc.

—¿Quién es? —preguntó la abuela desde la cama.

—Soy Caperucita —dijo el lobo, poniendo voz de niña—. Te traigo pan y miel.

—Levanta el pestillo y pasa, que yo no tengo fuerzas para levantarme.

El lobo entró y, de un bocado, se tragó a la abuela entera. Después se puso su gorro de dormir, se metió en la cama y cerró las cortinas.

Cuando Caperucita llegó con su ramo, la puerta estaba abierta y la casa, casi a oscuras. Se acercó a la cama.

—Abuela, ¡qué orejas tan grandes tienes!

—Son para oírte mejor.

—Abuela, ¡qué ojos tan grandes tienes!

—Son para verte mejor.

—Abuela, ¡qué manos tan grandes tienes!

—Son para abrazarte mejor.

—Pero, abuela, ¡qué boca tan grande tienes!

—¡Es para comerte mejor!

Y de un salto, el lobo se tragó también a Caperucita. Con la barriga llena, se quedó dormido y empezó a roncar tan fuerte que temblaban los cristales.

Por allí pasaba un cazador. Oyó aquellos ronquidos y pensó: «Qué raro. La abuela nunca ronca así». Entró, vio al lobo con aquella barriga enorme y comprendió lo que había pasado. Sin despertarlo, con unas tijeras, le abrió la barriga con mucho cuidado, y de dentro salieron Caperucita y su abuela, asustadas, pero sanas y salvas.

Entonces Caperucita tuvo una idea: llenaron la barriga del lobo de piedras y el cazador la cosió. Cuando el lobo se despertó, quiso salir corriendo, pero pesaba tanto que se tambaleó, tropezó en la puerta y se alejó muy despacio, arrastrando la barriga, hacia lo más hondo del bosque. Nunca más volvió por allí.

La abuela se comió el pan con miel y enseguida se sintió mejor. Y Caperucita se hizo una promesa que esta vez sí cumplió: no volver a salirse del camino ni a contarle sus cosas a un desconocido.

Después de leer

  1. 1. ¿Qué le llevaba Caperucita a su abuela?

    Respuesta orientativa

    Una cesta con pan recién hecho y un tarro de miel.

  2. 2. ¿Quién salvó a Caperucita y a su abuela?

    Respuesta orientativa

    Un cazador que pasaba por allí y oyó los ronquidos del lobo.

  3. 3. ¿Por qué el lobo le dijo a Caperucita que recogiera flores?

    Respuesta orientativa

    Para que se entretuviera y él pudiera llegar antes a casa de la abuela por el atajo.

  4. 4. ¿Por qué Caperucita tardó en darse cuenta de que en la cama estaba el lobo?

    Respuesta orientativa

    Porque la casa estaba casi a oscuras, el lobo llevaba el gorro de la abuela y estaba tapado en la cama, y ella creía que su abuela estaba enferma.

  5. 5. ¿Qué debería haber hecho Caperucita cuando el lobo le habló? ¿Qué haces tú si alguien que no conoces te pregunta adónde vas?

    Respuesta orientativa

    Respuesta abierta. Valora que diga que no hay que contar adónde vas a un desconocido, que hay que seguir el camino y que conviene avisar a un adulto de confianza.

Palabras para aprender

capucha
Parte de una prenda que sirve para taparse la cabeza.
atajo
Camino más corto para llegar a un sitio.
pestillo
Pieza pequeña que se corre para cerrar una puerta.
tambalearse
Moverse de un lado a otro, como si uno se fuera a caer.

Ideas para el aula

  • Representa con la clase el diálogo de «¡Qué orejas tan grandes tienes!»: una niña o un niño hace de Caperucita, otro de lobo, y el grupo repite las respuestas.
  • Dibuja en papel continuo el bosque con el camino de Caperucita (con sus flores) y el atajo del lobo, y comprueba con el dedo quién llega antes.
  • Habla en asamblea de las normas para ir por la calle: no salirse del camino, no contar adónde vas a quien no conoces y avisar a un adulto de confianza.

Más cuentos clásicos