Cuento clásico · 5 a 8 años · 5 min
Garbancito
Había una vez un hombre y una mujer que deseaban mucho tener un hijo. Un día nació un niño tan pequeño, tan pequeño, que cabía en una cuchara: era del tamaño de un garbanzo. Por eso lo llamaron Garbancito.
Garbancito era pequeño, pero muy listo, muy alegre y siempre tenía ganas de ayudar.
Una mañana, su madre estaba haciendo la comida y se dio cuenta de que no le quedaba azafrán.
—¡Yo iré a comprarlo! —dijo Garbancito.
—¿Tú solo? ¡Si eres tan pequeño que nadie te va a ver! Te pueden pisar.
—No te preocupes, mamá. Iré cantando, y así todos me oirán.
Su madre le dio una moneda, que Garbancito tuvo que llevar rodando como si fuera una rueda, y él salió a la calle cantando:
«¡Tachín, tachín, tachín! ¡Cuidado al caminar, que voy yo por aquí y me pueden pisar!».
La gente oía la canción, miraba al suelo y se apartaba con cuidado. Así llegó Garbancito a la tienda.
—¡Quiero azafrán, por favor! —gritó.
El tendero miró a un lado y a otro, y no vio a nadie. Hasta que se asomó por encima del mostrador y lo descubrió, muy serio, con su moneda. Le dio un sobrecito de azafrán, y Garbancito volvió a casa cantando. Su madre estaba tan orgullosa que le dio un beso en la punta de la nariz.
Por la tarde, Garbancito quiso llevarle la merienda a su padre, que trabajaba en el campo. Iba cantando por el sendero cuando el cielo se puso negro y empezó a llover a cántaros. Para no mojarse, Garbancito se escondió debajo de una hoja de col.
Pero por allí pasaba un buey grande y hambriento. Vio aquella col tan verde, abrió la boca y, ¡ñam!, se la comió de un bocado. Con Garbancito dentro.
Al anochecer, sus padres, muy preocupados, salieron a buscarlo con un farol.
—¡Garbancito! ¿Dónde estás?
Y una vocecita contestó:
—¡Estoy en la barriga del buey, donde no nieva ni llueve!
Los padres siguieron la voz hasta encontrar al buey, que rumiaba tranquilo junto a la cerca. ¿Cómo iban a sacar de allí a su hijo? Entonces la madre tuvo una idea. Sacó del bolsillo un poco de pimienta y se la acercó al hocico al buey.
—Aaa… aaa… ¡ACHÍS!
El buey soltó un estornudo tan grande que Garbancito salió volando por los aires y cayó, sano y salvo, en el delantal de su madre.
Volvieron a casa los tres, Garbancito se secó junto al fuego y esa noche durmió calentito en su cama, que era una cáscara de nuez.
Después de leer
1. ¿Por qué lo llamaban Garbancito?
Respuesta orientativa
Porque era tan pequeño como un garbanzo.
2. ¿Qué tiempo empezó a hacer cuando Garbancito iba al campo?
Respuesta orientativa
Empezó a llover a cántaros, y Garbancito se escondió debajo de una hoja de col.
3. ¿Por qué Garbancito iba cantando por la calle?
Respuesta orientativa
Para que la gente lo oyera, mirara al suelo y no lo pisara.
4. ¿Cómo acabó Garbancito en la barriga del buey?
Respuesta orientativa
Se escondió de la lluvia debajo de una col y el buey se comió la col de un bocado, con él dentro.
5. Garbancito era muy pequeño, pero ayudaba en casa. ¿Qué cosas puedes hacer tú para ayudar, aunque seas pequeño?
Respuesta orientativa
Respuesta abierta. Valora ejemplos reales: recoger, poner la mesa, ir a comprar acompañado, cuidar una planta…
Palabras para aprender
- azafrán
- Especia de color rojo anaranjado que da color y sabor a las comidas.
- buey
- Toro manso que se usaba para tirar del arado y de los carros.
- llover a cántaros
- Llover muchísimo.
- rumiar
- Masticar otra vez la comida que ya se ha tragado, como hacen las vacas.
Ideas para el aula
- Aprende la canción de Garbancito y cántala con la clase dando palmas; después inventa con tu grupo otra estrofa.
- Busca cosas de la clase que sean del tamaño de un garbanzo y otras que sean mucho más grandes, y ordénalas de la más pequeña a la más grande.
- Representa el final con una sábana como barriga del buey: un niño o una niña dice «¡Estoy en la barriga del buey, donde no nieva ni llueve!» y los demás lo buscan.