Cuento clásico · 4 a 7 años · 5 min
La ratita presumida
Había una vez una ratita muy limpia y muy presumida que vivía en una casita con la puerta pintada de verde. Todas las mañanas barría la entrada mientras cantaba.
Un día, al barrer, encontró una moneda de oro.
—¡Qué suerte! —dijo—. ¿Qué me compraré? ¿Unos caramelos? No, que se acaban enseguida. ¿Unos piñones? No, que son muy duros. ¡Ya sé! Me compraré un lazo de seda.
Fue a la tienda, se compró un lazo rojo, se lo ató en la cola y se sentó en la puerta de su casa para que todo el mundo la viera.
Al poco rato pasó el primer pretendiente: un gallo.
—Ratita, ratita, tú que eres tan bonita, ¿te quieres casar conmigo?
—¿Y por las noches, qué harás?
—¡Quiquiriquí! ¡Quiquiriquí!
—¡Ay, no, que me despertarás!
Después pasó un perro.
—Ratita, ratita, tú que eres tan bonita, ¿te quieres casar conmigo?
—¿Y por las noches, qué harás?
—¡Guau, guau! ¡Guau, guau!
—¡Ay, no, que me asustarás!
Después pasó un cerdo.
—Ratita, ratita, tú que eres tan bonita, ¿te quieres casar conmigo?
—¿Y por las noches, qué harás?
—¡Oinc, oinc! ¡Oinc, oinc!
—¡Ay, no, que me molestarás!
Después pasó un burro.
—Ratita, ratita, tú que eres tan bonita, ¿te quieres casar conmigo?
—¿Y por las noches, qué harás?
—¡Iaaa, iaaa! ¡Iaaa, iaaa!
—¡Ay, no, que me ensordecerás!
Por último pasó un gato blanco, de pelo suave y ojos brillantes, que se lamía los bigotes.
—Ratita, ratita, tú que eres tan bonita, ¿te quieres casar conmigo?
—¿Y por las noches, qué harás?
—Miau, miau… —ronroneó con su voz más dulce—. Dormir y callar.
—¡Contigo me casaré! —dijo la ratita, encantada.
Esa misma noche, cuando la ratita estaba a punto de dormirse, notó que el gato se acercaba despacito, con los ojos muy abiertos y relamiéndose. ¡Se la quería comer!
Pero el ratón Pérez, un vecino que la quería de verdad y que nunca le había dicho nada porque era muy tímido, la había visto entrar con el gato. Golpeó la ventana con un palo y gritó: «¡Ratita, corre!». La ratita saltó de la cama y escapó con él por un agujero de la pared justo a tiempo.
El gato se quedó solo y sin cena, maullando de rabia. Y la ratita aprendió que no hay que fiarse de quien solo dice lo que una quiere oír. Al tiempo se casó con el ratón Pérez, que roncaba un poquito, pero era bueno y sincero.
Después de leer
1. ¿Qué encontró la ratita mientras barría?
Respuesta orientativa
Una moneda de oro.
2. ¿Qué se compró con la moneda?
Respuesta orientativa
Un lazo rojo de seda, que se ató en la cola.
3. ¿Por qué el gato contestó «dormir y callar»?
Respuesta orientativa
Porque sabía que eso era lo que la ratita quería oír, y así conseguiría casarse con ella para comérsela.
4. ¿Por qué la ratita no quiso casarse con el gallo, el perro, el cerdo ni el burro?
Respuesta orientativa
Porque hacían mucho ruido por las noches y no la dejarían dormir.
5. ¿En qué se fijó la ratita para elegir? ¿En qué te fijarías tú para elegir a un buen amigo?
Respuesta orientativa
Respuesta abierta. Valora que note que se fijó en lo que le decían y en lo guapo que era, y que proponga fijarse en cómo trata a los demás.
Palabras para aprender
- presumida
- Que se arregla mucho y le gusta que la miren.
- ensordecer
- Dejar a alguien sin oír, o casi, por un ruido muy fuerte.
- relamerse
- Pasarse la lengua por los labios porque algo apetece mucho.
- pretendiente
- Quien quiere casarse con alguien y se lo pide.
Ideas para el aula
- Representa el cuento en grupo, con un papel para cada uno (ratita, gallo, perro, cerdo, burro y gato), mientras el resto de la clase repite «¿Y por las noches, qué harás?».
- Haz una tabla con cada animal y el sonido que hace, y añade otros animales: ¿qué contestarían la oveja, la rana o la vaca?
- En otros países se cuenta una historia parecida con una cucarachita. Inventa con la clase tu propia versión con otro animal protagonista.