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Cuento clásico · 8 a 11 años · 11 min

El sastrecillo valiente

Una mañana de verano, un sastrecillo cosía sentado en su mesa, junto a la ventana, cuando pasó por la calle una campesina pregonando:

—¡Mermelada buena! ¡Mermelada de ciruela!

Al sastrecillo se le hizo la boca agua. Compró un poco, se untó una rebanada de pan y la dejó a un lado para terminar antes la chaqueta que estaba cosiendo. Pero el olor dulce atrajo a un enjambre de moscas que se lanzaron sobre el pan.

—¡Eh! ¡Este pan no es para moscas! —protestó el sastrecillo.

Agarró un trapo y, ¡zas!, dio un golpe sobre el pan. Cuando levantó el trapo, contó las moscas aplastadas: eran siete.

—¡Siete de un golpe! —exclamó, admirado de sí mismo—. Esto tiene que saberlo el mundo entero.

Se cosió un cinturón y bordó en él, con letras grandes: «Siete de un golpe». Se lo puso, se guardó en el bolsillo un queso viejo que tenía en casa, atrapó un pajarito que se había enredado en un matorral de la puerta, lo metió en el otro bolsillo y salió a correr mundo.

En lo alto de una montaña encontró a un gigante sentado, mirando el paisaje.

—Buenos días, compañero —le dijo el sastrecillo—. Voy a recorrer el mundo. ¿Te vienes conmigo?

El gigante lo miró de arriba abajo y soltó una carcajada. Pero entonces leyó el cinturón: «Siete de un golpe». Pensó que se trataba de siete hombres, y empezó a tenerle un poco de respeto. Aun así, quiso ponerlo a prueba. Tomó una piedra y la apretó con la mano hasta que salieron unas gotas de agua.

—A ver si tú haces eso.

—¿Solo eso? —dijo el sastrecillo. Sacó el queso del bolsillo y lo apretó hasta que goteó suero—. Mira: yo saco más.

Entonces el gigante lanzó una piedra tan alto que casi no se veía.

—No está mal —dijo el sastrecillo—. Pero ha vuelto a caer. Yo lanzaré una que no vuelva.

Sacó el pajarito del bolsillo y lo lanzó al aire. El pájaro, feliz de verse libre, salió volando y no volvió.

El gigante estaba desconcertado. Le pidió ayuda para llevar un roble que había talado. El sastrecillo le dijo que cargara él con el tronco, que él llevaría la copa, que era lo más pesado. Pero en cuanto el gigante se echó el tronco al hombro, el sastrecillo se sentó en las ramas y se dejó llevar, silbando una canción. El gigante, que no podía volver la cabeza, cargó con el árbol entero y con el sastrecillo encima, y cuando ya no pudo más, el sastrecillo saltó al suelo y le dijo:

—¡Tan grande y no puedes ni con un árbol!

El sastrecillo siguió su camino hasta el palacio de un rey. Allí, mientras dormía la siesta en el jardín, los cortesanos leyeron su cinturón y corrieron a contárselo al rey. El rey pensó que un guerrero tan valiente le vendría muy bien, porque en un bosque de su reino vivían dos gigantes que robaban, destrozaban los campos y asustaban a todo el mundo.

—Si los echas de mi reino —le prometió—, te casarás con mi hija y te daré la mitad del reino.

El sastrecillo fue al bosque y encontró a los dos gigantes durmiendo bajo un árbol, roncando tan fuerte que se movían las ramas. Se llenó los bolsillos de piedras, trepó al árbol y dejó caer una piedra sobre el pecho de uno de ellos. El gigante se despertó y le dio un empujón a su compañero.

—¿Por qué me pegas?

—¡Yo no te he pegado! —contestó el otro, y volvieron a dormirse.

El sastrecillo dejó caer otra piedra, esta vez sobre el segundo gigante, y luego otra, y otra más. Los gigantes se pusieron tan furiosos que empezaron a pelear: se empujaban, arrancaban árboles para lanzárselos… Al final, magullados y avergonzados, huyeron cada uno por su lado y no volvieron a pisar aquel reino.

El rey no quería cumplir su promesa tan pronto, así que le pidió dos pruebas más. Primero, atrapar a un unicornio que embestía a todo el que encontraba. El sastrecillo se colocó delante de un árbol y esperó. Cuando el unicornio se lanzó contra él, se apartó de un salto, y el cuerno se quedó clavado en el tronco. Entonces le ató una cuerda al cuello y se lo llevó al rey.

Después tuvo que atrapar a un jabalí salvaje. El sastrecillo se metió en una ermita del bosque, y el jabalí entró detrás de él. El sastrecillo salió de un salto por la ventana, dio la vuelta corriendo y cerró la puerta. El jabalí quedó encerrado.

Al rey no le quedó más remedio que cumplir su palabra, y el sastrecillo se casó con la princesa. Pero una noche, la princesa oyó a su marido hablar en sueños:

—Muchacho, termíname ese chaleco y cóseme los pantalones, que hay prisa.

Así descubrió que era un simple sastre y no un gran guerrero, y se lo contó a su padre. El rey decidió que esa misma noche unos guardias se llevarían al sastrecillo mientras dormía. Pero un escudero que lo apreciaba lo oyó y lo avisó.

Por la noche, el sastrecillo se hizo el dormido y, cuando oyó a los guardias detrás de la puerta, empezó a decir en voz alta, como si soñara:

—Siete de un golpe… Dos gigantes… Un unicornio y un jabalí salvaje… ¿Y voy a tener miedo de los que están detrás de la puerta?

Los guardias salieron corriendo como si los persiguiera un ejército, y nadie se atrevió nunca más a molestar al sastrecillo. Y así, el que había sido un pobre sastre fue rey hasta el final de su vida.

Después de leer

  1. 1. ¿Qué bordó el sastrecillo en su cinturón?

    Respuesta orientativa

    «Siete de un golpe».

  2. 2. ¿Cómo atrapó al unicornio?

    Respuesta orientativa

    Se puso delante de un árbol y se apartó de un salto; el cuerno del unicornio se quedó clavado en el tronco.

  3. 3. ¿Qué creía el gigante que significaba «Siete de un golpe»?

    Respuesta orientativa

    Que el sastrecillo había vencido a siete hombres de un solo golpe, y no a siete moscas.

  4. 4. ¿Por qué los dos gigantes acabaron peleándose?

    Respuesta orientativa

    Porque el sastrecillo les tiraba piedras desde el árbol y cada uno creía que el que le pegaba era el otro.

  5. 5. El sastrecillo nunca mintió del todo, pero dejó que todos se equivocaran. ¿Te parece valiente, listo o tramposo? Razona tu respuesta.

    Respuesta orientativa

    Respuesta abierta. Valora que use ejemplos del texto (el queso, el pájaro, el árbol, los gigantes) y que distinga entre ingenio y engaño.

Palabras para aprender

pregonar
Anunciar algo en voz alta por la calle.
suero
Líquido que suelta el queso o la leche cuajada.
desconcertado
Confundido, sin saber qué pensar.
magullado
Con golpes y marcas en el cuerpo, pero sin heridas.
embestir
Lanzarse con fuerza contra algo o alguien, como hacen los toros.
ermita
Capilla pequeña, normalmente en el campo.

Ideas para el aula

  • Haz una tabla de las pruebas del cuento: qué hace el gigante (o el animal) y qué truco usa el sastrecillo para ganar.
  • Inventa tu propio cinturón con un lema exagerado sobre algo pequeño que hayas hecho («Diez sumas de un tirón») y escribe qué pensaría la gente al leerlo.
  • Representa en grupo la escena del queso y la piedra, o la de los gigantes dormidos bajo el árbol.

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