Cuento clásico · 7 a 10 años · 9 min
Hansel y Gretel
A la orilla de un bosque enorme vivía un leñador muy pobre con su mujer y sus dos hijos, Hansel y Gretel. Un año hubo tanta hambre en aquella tierra que en la casa ya no quedaba ni un pedazo de pan.
Una noche, la mujer le dijo al leñador:
—Mañana llevaremos a los niños a lo más hondo del bosque y los dejaremos allí. No podemos darles de comer.
El leñador no quería, pero la mujer insistió tanto que al final, con el corazón roto, dijo que sí. Los niños, que no podían dormir de hambre, lo oyeron todo. Gretel se echó a llorar.
—No llores —le susurró Hansel—. Ya se me ocurrirá algo.
Cuando los mayores se durmieron, Hansel salió de puntillas. La luna brillaba tanto que las piedrecitas blancas del camino relucían como monedas de plata. Hansel se llenó los bolsillos y volvió a la cama.
Al día siguiente, mientras caminaban hacia el bosque, Hansel se quedaba atrás de vez en cuando y dejaba caer una piedrecita. Sus padres encendieron una hoguera en un claro, les dijeron que esperaran allí y no volvieron. Cuando salió la luna, Hansel tomó a su hermana de la mano y siguieron las piedras blancas, que brillaban en la oscuridad, hasta llegar a casa. El leñador se alegró muchísimo de verlos.
Pero el hambre siguió, y poco después la mujer volvió a convencer al leñador. Esta vez cerró la puerta con llave por la noche, y Hansel no pudo salir a buscar piedras. Por el camino, solo pudo ir desmigando el trozo de pan que le habían dado para comer. Cuando salió la luna, buscaron las migas… pero los pájaros del bosque se las habían comido todas.
Hansel y Gretel caminaron durante tres días, cada vez más perdidos y con más hambre. Al tercer día vieron un pájaro blanco que cantaba en una rama. Lo siguieron y llegaron a una casita increíble: las paredes eran de pan, el tejado era de bizcocho y las ventanas eran de azúcar transparente.
Hansel arrancó un trozo de tejado y Gretel mordisqueó una ventana. Entonces se oyó una voz desde dentro:
—¿Quién mordisquea mi casita?
—El viento, señora, que pasa por aquí —contestaron los niños, y siguieron comiendo.
La puerta se abrió y salió una anciana apoyada en un bastón. Los niños se asustaron, pero ella sonrió:
—Adelante, criaturas, adelante. Hay cena para los dos.
Les dio leche, pan dulce con miel, manzanas y nueces, y les preparó dos camitas blancas. Pero aquella anciana solo fingía ser buena. Era una bruja que había construido la casa de pan para atraer a los niños.
A la mañana siguiente, la bruja encerró a Hansel en una jaula y obligó a Gretel a cocinar para él.
—Hay que engordar a tu hermano —dijo, frotándose las manos—. Cuando esté gordito, me lo comeré.
La bruja veía muy poco. Cada mañana se acercaba a la jaula y decía: «Hansel, saca un dedo, que quiero saber si ya has engordado». Y Hansel, muy listo, le sacaba un huesecillo de pollo. La bruja lo tocaba y se extrañaba de que siguiera tan flaco.
Pasaron cuatro semanas, y la bruja perdió la paciencia.
—Gordo o flaco, hoy me lo como. Gretel, mira si el horno está bien caliente. Métete dentro y compruébalo.
Pero Gretel adivinó lo que la bruja tramaba.
—No sé cómo se hace —dijo—. ¿Cómo me meto?
—¡Qué niña más tonta! —gruñó la bruja—. La puerta es bien grande. ¡Mira, así!
Y metió la cabeza en el horno para enseñárselo. Entonces Gretel le dio un empujón con todas sus fuerzas, cerró la puerta del horno y echó el cerrojo. La bruja no volvió a molestar a nadie nunca más.
Gretel corrió a abrir la jaula, y los dos hermanos se abrazaron y saltaron de alegría. En la casa encontraron cofres llenos de perlas y piedras preciosas, se llenaron los bolsillos y emprendieron el camino de vuelta. Al llegar a un río muy ancho, un pato blanco los cruzó en su lomo, primero a uno y luego al otro.
Poco a poco, el bosque les fue resultando conocido, hasta que vieron a lo lejos su casa. El leñador estaba solo: la mujer se había marchado, y él no había tenido ni un día de paz desde que dejó a sus hijos en el bosque. Cuando los vio, lloró de alegría. Gretel sacudió el delantal y Hansel vació los bolsillos, y las perlas y las piedras preciosas rodaron por el suelo. Se acabó el hambre para siempre, y los tres vivieron juntos y felices.
Después de leer
1. ¿Qué dejó caer Hansel por el camino la primera vez?
Respuesta orientativa
Piedrecitas blancas, que brillaban a la luz de la luna.
2. ¿De qué estaba hecha la casita del bosque?
Respuesta orientativa
Las paredes eran de pan, el tejado de bizcocho y las ventanas de azúcar.
3. ¿Por qué Hansel le enseñaba a la bruja un hueso en vez de su dedo?
Respuesta orientativa
Porque la bruja veía muy poco; así creía que Hansel seguía flaco y retrasaba el momento de comérselo.
4. ¿Cómo engañó Gretel a la bruja?
Respuesta orientativa
Fingió que no sabía cómo meterse en el horno para que la bruja se lo enseñara; cuando metió la cabeza, la empujó y cerró la puerta.
5. Hansel salva a su hermana al principio y Gretel salva a su hermano al final. ¿Qué te parece? Cuenta una vez en que ayudaste a alguien de tu familia o de tu clase, o en que te ayudaron a ti.
Respuesta orientativa
Respuesta abierta. Valora que vea que los dos son valientes y listos en momentos distintos, y que relacione el cuento con su experiencia.
Palabras para aprender
- leñador
- Persona que corta árboles en el bosque para sacar leña.
- desmigar
- Deshacer el pan en trozos muy pequeños, las migas.
- mordisquear
- Dar mordiscos pequeños y seguidos.
- tramar
- Preparar algo a escondidas, casi siempre con malas intenciones.
- cerrojo
- Barra de metal que se corre para cerrar una puerta.
Ideas para el aula
- Dibuja un mapa del bosque con el camino de las piedrecitas, el de las migas, la casa de pan y el río del pato blanco.
- Diseña tu propia casa de dulces y escribe de qué está hecha cada parte: paredes, tejado, ventanas, puerta y chimenea.
- Escribe los pensamientos de Gretel en el momento en que la bruja le pide que se meta en el horno.