Cuento clásico · 7 a 10 años · 8 min
La Cenicienta
Había una vez un hombre que, al quedarse viudo, se casó con una mujer muy orgullosa. Ella tenía dos hijas igual de orgullosas que su madre. Él tenía una hija buena y dulce, como había sido su madre.
En cuanto se celebró la boda, la madrastra empezó a mostrar su mal genio. Le mandaba a la muchacha las tareas más duras de la casa: fregar los platos, limpiar las escaleras, sacar brillo al suelo de las habitaciones de sus hermanastras. Ellas dormían en camas con espejos de cuerpo entero; la muchacha, en un desván, sobre un colchón de paja. Cuando terminaba de trabajar, se sentaba en un rincón de la chimenea, junto a la ceniza, y por eso la llamaban Cenicienta.
Un día, el hijo del rey anunció un gran baile en el palacio, e invitó a todas las personas importantes del reino. Las hermanastras pasaron días eligiendo vestidos, peinados y lunares. Cenicienta les dio buenos consejos y hasta se ofreció a peinarlas.
—Cenicienta, ¿no te gustaría ir al baile? —le preguntaron, riéndose.
—Ese no es sitio para una muchacha como yo —contestó Cenicienta, bajando los ojos.
Cuando la carroza de las hermanastras se perdió de vista, Cenicienta se echó a llorar. Entonces apareció su madrina, que era hada.
—Te gustaría ir al baile, ¿verdad? Pues sé buena y haz lo que te diga. Tráeme una calabaza del huerto.
Cenicienta le llevó la mejor calabaza que encontró. El hada la vació, la tocó con su varita y la calabaza se convirtió en una carroza dorada. Después miró en la ratonera: había seis ratones vivos. Abrió la trampilla y, a medida que salían, los fue tocando con la varita, y cada ratón se convirtió en un hermoso caballo gris. Una rata grande y bigotuda se convirtió en un cochero con unos bigotes magníficos, y seis lagartijas del jardín, en seis criados con trajes verdes.
—Pero ¿voy a ir así, con esta ropa vieja?
El hada la tocó con la varita, y sus harapos se convirtieron en un vestido bordado de oro y plata. Después le dio unos zapatitos de cristal, los más bonitos del mundo.
—Solo una cosa —le advirtió—: tienes que volver antes de medianoche. A las doce en punto, la carroza volverá a ser calabaza; los caballos, ratones, y tu vestido, la ropa de siempre.
Cuando Cenicienta entró en el palacio, todos se quedaron en silencio. Nadie la reconoció, ni siquiera sus hermanastras. El príncipe la sacó a bailar y no quiso bailar con nadie más en toda la noche. A las doce menos cuarto, Cenicienta hizo una reverencia y se marchó a toda prisa.
Al día siguiente hubo otro baile, y Cenicienta volvió, todavía más bonita. Lo estaba pasando tan bien que se olvidó de la hora. Cuando oyó la primera campanada de las doce, salió corriendo. El príncipe la siguió, pero solo encontró en la escalera uno de los zapatitos de cristal. Cenicienta llegó a casa sin aliento, sin carroza y con su ropa vieja. Solo le quedaba el otro zapatito.
Unos días después, el príncipe anunció que se casaría con la joven a la que le quedara bien el zapatito. Sus enviados se lo probaron a las princesas, a las duquesas y a todas las damas del reino. Por fin llegaron a casa de Cenicienta. Las hermanastras hicieron todo lo posible por meter el pie, pero no hubo manera.
—¿Puedo probármelo yo? —preguntó Cenicienta.
Las hermanastras se echaron a reír, pero el enviado del príncipe dijo que todas las jóvenes tenían derecho a probárselo. Cenicienta se sentó, acercó el pie… y el zapatito le entró como si estuviera hecho a su medida. Entonces sacó del bolsillo el otro zapatito y se lo puso también. En ese momento llegó el hada madrina, tocó con su varita la ropa de Cenicienta y la convirtió en un vestido más bonito todavía.
Las hermanastras la reconocieron por fin. Se arrodillaron y le pidieron perdón por lo mal que la habían tratado. Cenicienta las levantó, les dio un abrazo y les dijo que las perdonaba de corazón.
Poco después, Cenicienta se casó con el príncipe. Y como era tan buena como bonita, invitó a sus hermanastras a vivir en el palacio, y allí cada una encontró, con el tiempo, a alguien con quien casarse.
Después de leer
1. ¿Por qué llamaban Cenicienta a la muchacha?
Respuesta orientativa
Porque, al terminar sus tareas, se sentaba en un rincón de la chimenea, junto a la ceniza.
2. ¿En qué convirtió el hada madrina la calabaza?
Respuesta orientativa
En una carroza dorada.
3. ¿Por qué nadie reconoció a Cenicienta en el baile?
Respuesta orientativa
Porque llevaba un vestido bordado de oro y plata, llegó en una carroza dorada y nadie se imaginaba que la muchacha de la ceniza pudiera estar allí.
4. ¿Por qué se rieron las hermanastras cuando Cenicienta pidió probarse el zapatito?
Respuesta orientativa
Porque creían que una muchacha que vivía entre la ceniza no podía ser la joven del baile.
5. Cenicienta perdonó a sus hermanastras. ¿Habrías hecho tú lo mismo? ¿Por qué crees que es difícil perdonar?
Respuesta orientativa
Respuesta abierta. Valora que dé razones y que reflexione sobre lo que cuesta perdonar y lo que se gana al hacerlo.
Palabras para aprender
- viudo
- Hombre al que se le ha muerto la esposa.
- desván
- Habitación que está justo debajo del tejado de una casa.
- madrina
- Mujer que acompaña y protege a alguien desde que nace.
- harapos
- Ropa vieja y rota.
- cochero
- Persona que conduce los caballos de un coche de caballos o una carroza.
Ideas para el aula
- Haz una tabla de transformaciones del hada: qué era cada cosa antes (calabaza, ratones, rata, lagartijas, harapos) y en qué se convirtió.
- Escribe la escena del zapatito contada por una de las hermanastras.
- Busca otras «cenicientas» de distintos países y compara qué objeto sirve en cada una para reconocer a la protagonista.