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Cuento · 8 a 10 años · 5 min

El loro que contaba secretos

En el edificio de Abel vivía un loro que se llamaba Lorenzo. Era verde, con la frente amarilla, y pasaba el día en el balcón del tercero, en casa de doña Pilar.

Lorenzo no hablaba como las personas: Lorenzo repetía. Repetía todo lo que oía, con la misma voz y en el peor momento.

Imitaba el timbre de la puerta, y los vecinos iban a abrir y no había nadie. Imitaba el pitido del microondas, y el señor del quinto iba a la cocina cinco veces por tarde. Imitaba a la madre de Abel gritando «¡Abel, a la ducha!», y Abel se duchaba los martes dos veces.

Pero lo peor fue lo de la fiesta.

Doña Pilar iba a cumplir ochenta años, y los vecinos decidieron prepararle una fiesta sorpresa en el patio. Se reunieron en la entrada, en voz baja, para repartirse las tareas: quién traía el pastel, quién las sillas, quién las guirnaldas de luces.

—Que no se entere Pilar —susurró el señor del quinto.

—¡Que no se entere Pilar! —repitió una voz desde el balcón del tercero.

Todos levantaron la cabeza. Lorenzo los miraba con un ojo, muy interesado.

Durante toda la semana, Lorenzo no paró. «¡Sorpresa el sábado!», gritaba por la mañana. «¡Que no se entere Pilar!», por la tarde. «¡El pastel es de chocolate!», a la hora de la siesta.

—Hay que confundirlo —propuso Abel—. Si le enseñamos muchas frases, doña Pilar no sabrá cuál es la de verdad.

Así que cada vecino pasaba bajo el balcón diciendo tonterías. «¡El sábado no pasa nada!». «¡Los lunes llueve limonada!». «¡A las cinco, dragones!». Lorenzo las repetía todas, encantado, y el balcón del tercero sonaba como una radio estropeada.

Por fin llegó el sábado. La hija de doña Pilar la bajó al patio con una excusa. Los vecinos, escondidos detrás de las macetas, contuvieron la respiración.

Doña Pilar asomó por la puerta.

Y entonces, desde arriba, un segundo antes que nadie:

—¡SORPRESAAA!

Todos se echaron a reír, y doña Pilar más que nadie.

—¡Si lo sé desde el lunes! —dijo, secándose las lágrimas de risa—. Lorenzo me lo cuenta todo. ¡Hasta lo de los dragones!

—¿Y por qué no dijo nada? —preguntó Abel.

Doña Pilar le guiñó un ojo.

—Porque a los ochenta años, hijo, una sorpresa que ya sabes sigue siendo una sorpresa. Y además, quería ver cómo se las arreglaban.

Desde el balcón, Lorenzo añadió:

—¡El pastel es de chocolate!

Y era verdad.

Después de leer

  1. 1. ¿Qué sonidos imitaba Lorenzo que causaban problemas a los vecinos?

    Respuesta orientativa

    El timbre de la puerta, el pitido del microondas y a la madre de Abel mandándolo a la ducha.

  2. 2. ¿Qué plan tuvo Abel para confundir al loro?

    Respuesta orientativa

    Enseñarle muchas frases sin sentido para que doña Pilar no supiera cuál era la verdadera.

  3. 3. ¿Por qué el plan de Abel no funcionó?

    Respuesta orientativa

    Porque Lorenzo repetía también las frases verdaderas, y doña Pilar ya sabía lo de la fiesta desde el lunes.

  4. 4. ¿Por qué doña Pilar no dijo nada si ya lo sabía?

    Respuesta orientativa

    Porque le hacía ilusión la fiesta igualmente y le divertía ver los esfuerzos de sus vecinos por disimular.

  5. 5. Doña Pilar dice que «una sorpresa que ya sabes sigue siendo una sorpresa». ¿Estás de acuerdo? ¿Por qué?

    Respuesta orientativa

    Respuesta abierta. Valora que entienda que lo importante es el cariño y el esfuerzo de los demás, y que argumente su postura.

  6. 6. ¿Cómo son las relaciones entre los vecinos de este edificio? Busca pistas en el texto.

    Respuesta orientativa

    Se llevan bien y se quieren: se organizan juntos, colaboran, se ríen y celebran el cumpleaños de una vecina mayor.

Palabras para aprender

imitar
Hacer o decir algo igual que otro.
guirnalda
Tira de flores, papel o luces que se cuelga para adornar.
contener la respiración
Dejar de respirar un momento por nervios o para no hacer ruido.
estropeado
Que no funciona bien porque está roto o viejo.
arreglárselas
Encontrar la manera de hacer algo a pesar de las dificultades.

Ideas para el aula

  • Escribe tres frases absurdas más que los vecinos podrían haber enseñado a Lorenzo.
  • Organiza con la clase una pequeña sorpresa para alguien de la escuela (el conserje, la cocinera, otra clase) y piensa cómo mantener el secreto.
  • Representa la escena final: unos hacen de vecinos escondidos, otro de doña Pilar y otro de Lorenzo.

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