Saltar al contenido
Aulapedia

¿Desde dónde enseñas?

Adaptamos cursos y grados, vocabulario, tamaño de papel (A4 o Carta) y currículo (LOMLOE o NEM). Las páginas no cambian de dirección.

Cuento · 10 a 12 años · 8 min

La escuela de las cinco sillas

En mi escuela había cinco sillas. Todavía las hay.

No es que no cupieran más. El aula es grande, tiene tres ventanas que dan a la sierra y una estufa de leña que en invierno huele a pino quemado. Es que en el pueblo éramos cinco niños en edad de ir a la escuela, y la maestra Elena decía que no tenía sentido llenar la clase de sillas vacías, que las sillas vacías ponen triste.

La silla más pequeña era la de Nerea, que tenía cuatro años y la arrastraba de un lado a otro para sentarse cerca de quien le caía mejor ese día. Después estaban las de los mellizos, Iván y Sara, que tenían siete años y se peleaban por todo menos por los dibujos, porque dibujaban juntos: uno empezaba y el otro terminaba. Luego la de Yusuf, que tenía nueve, había llegado de Marruecos dos años antes y ya hablaba español mejor que yo, además de árabe y un poco de francés. Y la más grande era la mía. Me llamo Lucas, y entonces tenía once años.

En una escuela así, todos aprendíamos de todos. Yo le enseñé a Nerea a escribir su nombre, y Sara me enseñó a dibujar caballos que parecieran caballos y no perros largos. Yusuf nos enseñó a contar hasta diez en árabe. Y la maestra Elena, que venía cada mañana desde el pueblo de al lado por una carretera llena de curvas, nos enseñaba a los cinco a la vez cosas distintas, que es algo que todavía no sé cómo hace.

En primavera estudiábamos el río. En otoño, las setas, con el tío Cándido, que sabe cuáles se comen y cuáles no. Y en invierno venía la señora Remedios, que tiene ochenta y siete años, a contarnos cómo era la escuela cuando ella era niña. Decía que entonces eran cuarenta, que no cabían en los bancos y que los mayores se sentaban en el alféizar de la ventana.

—¿Y adónde se fueron todos? —le preguntó una vez Nerea.

—A la ciudad —dijo la señora Remedios—. A buscar trabajo. Y sus hijos ya nacieron allí.

Aquel era mi último curso en el pueblo. En septiembre me tocaba empezar el instituto, en el pueblo grande de la comarca, a cuarenta minutos de autobús. Tendría que levantarme a las siete, tendría seis profesores distintos y en mi clase habría veinticinco alumnos. Me apetecía y me daba miedo a la vez, como cuando te tiras a la poza del río en junio sabiendo que el agua va a estar helada.

Pero lo que más me preocupaba era otra cosa. Si yo me iba, en la escuela quedarían cuatro. Y todos sabíamos lo que pasa con las escuelas de pueblo cuando se quedan con muy pocos niños: que un día las cierran. Y cuando se cierra la escuela, el pueblo empieza a apagarse, como una vela a la que le falta aire.

El último día de clase, la maestra Elena hizo algo raro. No recogió mi silla.

—Se queda aquí —dijo.

—Pero yo ya no voy a venir.

—Ya lo sé. Pero en este pueblo hay una costumbre muy vieja: mientras haya una silla vacía, no se quita. Dicen que las sillas vacías llaman a los niños.

Me pareció una cosa de cuentos. No dije nada.

En agosto, una familia alquiló la casa del herrero, que llevaba años cerrada. Venían de la ciudad: la madre era enfermera y había conseguido trabajo en el centro de salud de la comarca, y el padre trabajaba desde casa, por internet. Tenían una hija de seis años, Abril, que el primer día de colegio se sentó en mi silla. Le quedaba tan grande que le colgaban los pies.

En septiembre, Nerea me dejó una carta en el buzón, escrita con ayuda de la maestra, con letras enormes y alguna falta: «Somos sinco otra vez. Abril se sienta en tu silla. Dice que cuando crezca le va a quedar bien».

Yo no sé si las sillas vacías llaman a los niños. Pero ahora, cada tarde, cuando el autobús del instituto me deja en la plaza, paso por delante de la escuela y miro por la ventana. Cuento: una, dos, tres, cuatro, cinco.

Y me quedo tranquilo.

Después de leer

  1. 1. ¿Quiénes eran los cinco alumnos de la escuela el último curso de Lucas y qué edad tenían?

    Respuesta orientativa

    Nerea (4 años), los mellizos Iván y Sara (7), Yusuf (9) y Lucas (11).

  2. 2. ¿Qué costumbre del pueblo explica la maestra Elena?

    Respuesta orientativa

    Que mientras haya una silla vacía no se quita, porque dicen que las sillas vacías llaman a los niños.

  3. 3. ¿Por qué le preocupaba tanto a Lucas irse al instituto?

    Respuesta orientativa

    Porque en la escuela quedarían solo cuatro alumnos y temía que la cerraran, lo que haría que el pueblo se fuera apagando.

  4. 4. ¿Por qué hay faltas de ortografía en la carta de Nerea? ¿Qué aporta ese detalle?

    Respuesta orientativa

    Porque Nerea es muy pequeña y está aprendiendo a escribir; el detalle hace la carta más real y tierna.

  5. 5. Según la señora Remedios, la gente se fue a la ciudad a buscar trabajo. ¿Qué crees que hace falta para que las familias quieran vivir en los pueblos?

    Respuesta orientativa

    Respuesta abierta. Valora argumentos como trabajo, escuela, centro de salud, internet, transporte o vivienda, relacionados con el cuento (la nueva familia llega por un trabajo y por internet).

  6. 6. ¿Qué ventajas y qué inconvenientes tiene una escuela con cinco alumnos de distintas edades?

    Respuesta orientativa

    Respuesta abierta. Valora que mencione, por ejemplo, la ayuda entre edades y la atención cercana, frente a tener pocos compañeros de la misma edad.

Palabras para aprender

sierra
Cordillera de montañas de poca extensión.
alféizar
Parte baja del hueco de una ventana, donde se pueden apoyar cosas.
comarca
Territorio formado por varios pueblos cercanos que comparten servicios y rasgos.
poza
Parte más honda de un río, donde se acumula el agua.
mellizos
Hermanos nacidos en el mismo parto que no son idénticos.
instituto
En España, centro donde se estudia la educación secundaria.

Ideas para el aula

  • Investiga si en tu provincia o estado hay escuelas rurales con pocos alumnos y cómo se organizan.
  • Escribe la carta de respuesta de Lucas a Nerea contando cómo es el instituto.
  • Debate en clase: ¿qué podría hacer un pueblo para atraer a nuevas familias? Haz un cartel con las mejores ideas.

Más cuentos cortos