Cuento · 10 a 12 años · 8 min
La ofrenda del abuelo
Ese año, Itzel no quería poner la ofrenda.
Todos los años, a finales de octubre, su familia preparaba la ofrenda de Día de Muertos, e Itzel ayudaba encantada: recortaba el papel picado, contaba las velas, colocaba las calaveritas de azúcar con los nombres escritos. Era bonito recordar a la bisabuela Lupe, a la que no había conocido, y al tío Ramón, del que solo sabía que tocaba la guitarra fatal.
Pero ese año era distinto. En marzo había muerto el abuelo Beto.
—Poner su foto en la ofrenda es como decir que ya no está —le dijo a su mamá.
—Ya no está, mi amor —dijo su mamá, muy bajito.
—Pues yo no quiero decirlo.
Su mamá no insistió. Le dio un beso en la cabeza y siguió sacando cosas de las cajas.
Itzel se encerró en su cuarto. Desde allí oía a la familia ir y venir: su papá armando los escalones de la ofrenda, la tía Mariana llegando con el pan de muerto todavía caliente, que olía a azahar y a mantequilla, sus primos discutiendo por quién ponía las flores.
Al final le pudo la curiosidad y se asomó.
La ofrenda ocupaba toda una pared de la sala. Tenía tres niveles cubiertos de manteles blancos, y encima colgaba el papel picado, morado y naranja, moviéndose con el aire de la puerta. Había velas para alumbrar el camino, un vaso de agua para la sed del viaje, un plato con sal, copal humeando y un caminito de pétalos de cempasúchil desde la puerta hasta la mesa, para que los difuntos encontraran la casa.
En el centro estaba la foto del abuelo Beto, con su suéter de rombos y su cara de estar a punto de contar un chiste.
Itzel se acercó despacio. Alrededor de la foto, cada uno había puesto algo. Su papá, el periódico doblado por la página de los crucigramas, que el abuelo hacía siempre con pluma, sin miedo a equivocarse. La tía Mariana, un plato de mole, porque nadie comía mole como él, con tanta alegría y tantas manchas en la camisa. Su primo Toño, un dulce de tamarindo de los que le daban dolor de muelas.
Faltaba algo. Itzel lo supo enseguida.
Corrió a su cuarto, tomó una tarjeta y un plumón, y escribió con letra grande: «¿Qué le dijo un pez a otro pez? Nada».
Era el peor chiste del mundo. El abuelo se lo contaba siempre, con la misma cara de misterio, y siempre se reía él solo, tan fuerte que acababa contagiando a todos. Itzel le decía «abuelo, ese ya me lo sé», y él contestaba «pero no te lo sabes como te lo cuento yo».
Colocó la tarjeta junto a la foto.
Esa noche apagaron las luces y encendieron las velas. Todos se sentaron alrededor de la ofrenda y, uno por uno, empezaron a contar cosas del abuelo. Que una vez se quedó dormido en una boda, de pie. Que silbaba cuando cocinaba. Que cuando nació Itzel, la tomó en brazos y dijo: «Esta va a ser más lista que todos nosotros». Y que acertó.
Itzel escuchaba y, sin darse cuenta, se reía. Y también lloraba un poco. Las dos cosas a la vez, como cuando llueve con sol.
Cuando le tocó a ella, leyó la tarjeta en voz alta:
—¿Qué le dijo un pez a otro pez?
Y toda la familia contestó a coro:
—¡Nada!
Se rieron tanto que se apagó una vela. La abuela dijo que había sido el abuelo, que siempre se reía con todo el cuerpo.
Itzel no sabe si el abuelo vino esa noche. No sabe si los pétalos naranjas de verdad marcan un camino. Pero sabe que esa noche, por primera vez desde marzo, se rio del chiste malo del abuelo. Y que fue como si él se lo estuviera contando otra vez, a su manera, que era la única buena.
Después de leer
1. ¿Qué elementos tenía la ofrenda de la familia de Itzel?
Respuesta orientativa
Tres niveles con manteles blancos, papel picado, velas, un vaso de agua, sal, copal, pétalos de cempasúchil, pan de muerto, la foto del abuelo y objetos y comidas que le gustaban.
2. ¿Qué puso Itzel en la ofrenda?
Respuesta orientativa
Una tarjeta con el chiste favorito del abuelo: «¿Qué le dijo un pez a otro pez? Nada».
3. ¿Por qué Itzel no quería poner la ofrenda ese año?
Respuesta orientativa
Porque era el primer Día de Muertos sin su abuelo y poner su foto le hacía aceptar que había muerto.
4. ¿Qué quiere decir que Itzel lloraba y se reía «como cuando llueve con sol»?
Respuesta orientativa
Que sentía a la vez tristeza por la pérdida y alegría por los recuerdos bonitos.
5. ¿Por qué crees que recordar a alguien con humor puede ayudar a estar menos triste?
Respuesta orientativa
Respuesta abierta. Valora que entienda que recordar lo que hacía feliz a esa persona la mantiene presente y alivia la pena.
6. ¿Conoces otras tradiciones, en tu país o en otros, para recordar a las personas que han muerto? ¿En qué se parecen al Día de Muertos?
Respuesta orientativa
Respuesta abierta. Valora que compare con respeto distintas costumbres (llevar flores, encender velas, contar anécdotas…).
Palabras para aprender
- ofrenda
- En el Día de Muertos, altar con fotos, comida, flores y objetos dedicados a los familiares fallecidos.
- papel picado
- Papel de colores recortado con dibujos que se cuelga como adorno en las fiestas mexicanas.
- cempasúchil
- Flor de color naranja intenso, típica de México, que se usa en las ofrendas de Día de Muertos.
- copal
- Resina de algunos árboles que se quema como incienso.
- difunto
- Persona que ha muerto.
- plumón
- En México, rotulador.
Ideas para el aula
- Investiga el significado de cada elemento de una ofrenda (agua, sal, velas, cempasúchil, papel picado, pan de muerto) y haz una lámina explicativa.
- Escribe un recuerdo bonito o divertido de alguien que quieras mucho, esté cerca o lejos.
- Haz papel picado con papel de seda doblado y tijeras para decorar la clase a finales de octubre.