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Cuento · 10 a 12 años · 7 min

La hipótesis de los vencejos

Cada mayo, el cielo de la ciudad de Aitana se llenaba de gritos.

Eran los vencejos: pájaros oscuros, con forma de ancla, que pasaban rozando los tejados a toda velocidad, en bandadas, chillando como si jugaran a perseguirse. Llegaban de África en primavera y se marchaban a finales de verano. Y en todo ese tiempo, según el abuelo, no se posaban nunca.

—Ni en los árboles, ni en los cables, ni en el suelo —decía desde el balcón—. Comen volando, beben volando y duermen volando.

—Abuelo, eso es imposible.

—Pues demuéstralo.

Aitana tenía diez años y un cuaderno nuevo, así que decidió hacerlo como los científicos. En la primera página escribió: «Hipótesis del abuelo: los vencejos no se posan nunca». Y debajo: «Mi hipótesis: claro que se posan, pero el abuelo no se ha fijado».

Cada tarde, de siete a ocho, se sentaba en el balcón con los binoculares del abuelo y apuntaba todo lo que veía. En dos semanas, el cuaderno se llenó de rayitas, flechas y dibujos torcidos. Aprendió a distinguir a los vencejos de las golondrinas, que tienen la barriga clara y la cola con dos puntas largas, y de los aviones comunes, más pequeños y con la rabadilla blanca. Y descubrió algo que no esperaba: las golondrinas y los aviones se posaban en los cables, muy formales, como alumnos en un banco. Los vencejos, nunca. Ni una sola vez.

La única excepción eran unos huecos bajo las tejas del edificio de enfrente, donde de vez en cuando un vencejo se metía como una flecha y desaparecía.

—Son sus nidos —dijo el abuelo—. Solo bajan para criar.

Aitana buscó más información en la biblioteca y en internet, con ayuda de su madre. Encontró un estudio de unos científicos suecos que habían colocado a varios vencejos unos aparatos diminutos, más ligeros que una moneda. Al recuperarlos, descubrieron que algunos habían pasado diez meses seguidos en el aire. Diez meses comiendo insectos al vuelo, bebiendo gotas de lluvia y, probablemente, durmiendo a ratos mientras planeaban muy alto.

También descubrió que su nombre científico, Apus, viene del griego y significa «sin pies». No es que no tengan; los tienen, pero tan pequeños que casi no les sirven para andar.

Una tarde de julio, Aitana encontró un vencejo en la calle. Estaba quieto, con las alas abiertas sobre el suelo, como un avión de papel caído.

—¡Está herido!

—O se ha caído del nido —dijo su madre—. Desde el suelo les cuesta muchísimo despegar: tienen las patas tan cortas y las alas tan largas que no consiguen tomar impulso.

Aitana quería lanzarlo al aire, pero su madre la paró: había leído que eso podía hacerle daño si estaba débil o si todavía no sabía volar. Lo metieron con cuidado en una caja con agujeros, sin darle agua ni comida, y llamaron a un centro de recuperación de fauna, adonde lo llevaron esa misma tarde. Allí, una veterinaria les explicó que era un pollo que había saltado del nido antes de tiempo. Lo alimentarían hasta que estuviera listo.

Tres semanas después, los invitaron a verlo volar. La veterinaria lo sostuvo en la palma de la mano, en lo alto de una colina. El vencejo se quedó quieto un segundo, como pensándolo. Luego abrió las alas y se fue.

—Y ahora —dijo la veterinaria— puede que pase muchísimo tiempo sin volver a tocar nada sólido.

Esa noche, Aitana escribió la última página del cuaderno: «Conclusión: los vencejos sí se posan, pero solo en sus nidos y casi nunca. El abuelo casi tenía razón».

Lo pensó un momento y añadió: «El abuelo no es científico. Pero mira mucho el cielo. Y por ahí empiezan los científicos».

Después de leer

  1. 1. ¿En qué se diferencian los vencejos de las golondrinas y los aviones, según las observaciones de Aitana?

    Respuesta orientativa

    Las golondrinas tienen la barriga clara y la cola con dos puntas largas; los aviones son más pequeños y tienen la rabadilla blanca; y, a diferencia de los vencejos, ambos se posan en los cables.

  2. 2. ¿Qué descubrieron los científicos suecos?

    Respuesta orientativa

    Que algunos vencejos habían pasado diez meses seguidos volando sin posarse.

  3. 3. ¿Por qué no se debe lanzar al aire un vencejo caído?

    Respuesta orientativa

    Porque si está débil, herido o todavía no sabe volar, puede volver a caer y hacerse daño; lo correcto es llevarlo a un centro de recuperación de fauna.

  4. 4. ¿Por qué la conclusión dice que el abuelo «casi» tenía razón?

    Respuesta orientativa

    Porque los vencejos sí se posan, pero solo para criar en sus nidos; el resto del tiempo viven en el aire.

  5. 5. Aitana escribe primero su propia hipótesis y luego cambia de opinión con los datos. ¿Por qué es importante esto en la ciencia?

    Respuesta orientativa

    Respuesta abierta. Valora que entienda que en ciencia las ideas se comprueban y se aceptan o se corrigen según las pruebas, aunque no coincidan con lo que pensábamos.

  6. 6. ¿Qué podemos hacer en las ciudades para proteger a los vencejos y otras aves que anidan en los edificios?

    Respuesta orientativa

    Respuesta abierta. Valora propuestas como no tapar sus huecos, poner cajas nido o avisar a un centro de recuperación si se encuentra un ave caída.

Palabras para aprender

hipótesis
Explicación provisional que se propone y se debe comprobar.
bandada
Grupo numeroso de aves que vuelan juntas.
rabadilla
Parte de atrás del cuerpo de un ave, justo encima de la cola.
planear
Volar con las alas extendidas sin moverlas, aprovechando el aire.
centro de recuperación de fauna
Lugar donde se cuida a animales salvajes heridos o enfermos para devolverlos a la naturaleza.
binoculares
Aparato con dos tubos y lentes para ver de lejos; en España también se llaman prismáticos.

Ideas para el aula

  • Haz tu propio cuaderno de observación de aves desde la ventana o el patio durante una semana: hora, especie, cuántas, qué hacían.
  • Busca imágenes de vencejos, golondrinas y aviones comunes y haz una ficha para diferenciarlos.
  • Escribe el método científico de Aitana en pasos: pregunta, hipótesis, observación, búsqueda de información y conclusión.

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