Fábula · 6 a 9 años · 4 min
La osita de anteojos

En los bosques de niebla de los Andes, donde crecen las bromelias y el musgo cuelga de las ramas como barbas verdes, vivía una osita de anteojos llamada Killa.
Los osos de anteojos se llaman así por las manchas claras que tienen alrededor de los ojos, como si llevaran anteojos. Pero las de Killa eran distintas. Alrededor de un ojo tenía un círculo perfecto; alrededor del otro, solo una raya torcida que le bajaba hasta el hocico.
—¡Killa tiene un anteojo roto! —se reían los otros oseznos cuando jugaban en el claro.
Killa empezó a jugar sola. Cuando se asomaba a los charcos, se tapaba la cara con una hoja.
Una tarde, su abuela la llevó hasta la laguna.
—Asómate —le dijo.
Killa vio su cara en el agua, con su círculo y su raya. Luego, la abuela se asomó a su lado. Su cara tenía manchas en forma de media luna y una estrella pequeña en la frente.
—¿Tú tampoco tienes anteojos de verdad? —preguntó Killa, sorprendida.
—Nadie los tiene iguales —contestó la abuela—. Mañana mira con atención a tus amigos y lo verás.
Al día siguiente, Killa se fijó. Uno tenía manchas casi hasta las orejas. Otra, apenas unas pecas en las mejillas. Otro, un antifaz completo. Ninguna cara se parecía a otra.
Aquella tarde, mientras los oseznos jugaban lejos de casa, bajó la niebla. Bajó tan espesa que no se veían ni las patas. Los oseznos se asustaron y empezaron a llamar a sus madres, pero entre tanta niebla los gritos parecían llegar de todas partes.
Entonces, entre dos jirones de niebla, uno de ellos vio una cara con un círculo y una raya torcida.
—¡Es Killa! ¡Vamos tras ella!
De tanto jugar sola, Killa conocía cada piedra del camino. Avanzó despacio, girándose de vez en cuando para que todos pudieran ver su cara y no perderla, y así los llevó de vuelta hasta los árboles donde esperaban sus familias.
—Te reconocimos enseguida —le dijo después el osezno que más se había reído de ella—. No hay otra cara como la tuya.
—Ni como la tuya —contestó Killa, y esta vez fue ella la que sonrió.
Desde entonces nadie volvió a hablar de anteojos rotos. En el claro se jugaba a un juego nuevo: adivinar quién era quién solo con mirar las manchas.
Moraleja: Lo que nos hace diferentes también nos hace únicos.
Después de leer
1. ¿Por qué se llaman así los osos de anteojos?
Respuesta orientativa
Por las manchas claras que tienen alrededor de los ojos, que parecen anteojos.
2. ¿Cómo eran las manchas de Killa?
Respuesta orientativa
Tenía un círculo perfecto alrededor de un ojo y una raya torcida alrededor del otro, hasta el hocico.
3. ¿Para qué llevó la abuela a Killa a la laguna?
Respuesta orientativa
Para que viera que ella tampoco tenía anteojos perfectos y que todas las caras son distintas.
4. ¿Por qué los oseznos pudieron seguir a Killa entre la niebla?
Respuesta orientativa
Porque su cara era inconfundible y ella conocía muy bien el camino.
5. ¿Cómo crees que se sentía Killa cuando se reían de ella? ¿Qué harías tú si vieras a alguien burlarse de una diferencia?
Respuesta orientativa
Respuesta abierta. Se valora que exprese empatía (tristeza, soledad) y proponga acciones: defenderla, jugar con ella, avisar a un adulto.
Palabras para aprender
- osezno
- Cría del oso.
- bromelia
- Planta de hojas largas y duras que crece sobre los troncos y las rocas; el oso de anteojos se come su parte tierna.
- jirón
- Trozo alargado y deshilachado de algo; aquí, de niebla.
- antifaz
- Máscara que cubre solo la zona de alrededor de los ojos.
Ideas para el aula
- Haz un mural de huellas dactilares de toda la clase y compáralas con una lupa: ¡no hay dos iguales, como las caras de los osos de anteojos!
- Busca en un mapa los países de los Andes donde vive el oso de anteojos.
- Escribe lo que le dirías a alguien que se burla de una diferencia.