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Leyenda · 8 a 12 años · 8 min

La leyenda del Tepozteco

Si algún día vas a Tepoztlán, un pueblo de Morelos rodeado de cerros de formas rarísimas, levanta la vista. Allá arriba, en lo alto de uno de ellos, al borde de un precipicio, hay una pequeña pirámide. Se llama el Tepozteco. Para llegar hay que subir un camino empinado entre árboles y piedras, y quien llega arriba, sin aliento, ve todo el valle a sus pies. En el pueblo dicen que esa pirámide recuerda a un héroe que, cuando era bebé, fue cuidado por las hormigas.

Esta es su historia, tal como la cuentan allí, aunque cada familia le cambia algún detalle.

Hace muchísimo tiempo, en aquel valle vivía una muchacha que un día supo que iba a tener un hijo. Cómo pasó, nadie lo sabe explicar: unos dicen que fue cosa de un pajarito; otros, que fue cosa del viento. Los padres de la muchacha se enojaron tanto que, cuando el niño nació, no quisieron tenerlo en casa y lo abandonaron.

Primero lo dejaron junto a un hormiguero, entre la hierba. Pero las hormigas, en lugar de hacerle daño, formaron largas filas y le llevaron a la boca gotitas de miel. Lo cuidaron de día y de noche.

Después lo dejaron entre unos magueyes. Y los magueyes, que son plantas de hojas grandes, gruesas y con una espina en la punta, doblaron sus pencas con cuidado hasta los labios del bebé y lo alimentaron con su aguamiel.

Al final, lo metieron en una caja y lo dejaron en el río. La corriente lo llevó despacio, meciéndolo, hasta una orilla donde lo encontró un matrimonio de ancianos sin hijos. Lo abrazaron, lo llevaron a su casa y decidieron criarlo como suyo. Le pusieron por nombre Tepoztécatl.

Tepoztécatl creció fuerte, listo y muy observador. Su padre le enseñó a caminar por los cerros, a reconocer las plantas y a leer las nubes, y su madre le enseñó a escuchar antes de hablar. Él quería a sus viejos más que a nada en el mundo.

Pero en aquella región había un problema terrible. En Xochicalco vivía un monstruo enorme con forma de serpiente, al que todos temían. Cada cierto tiempo, los pueblos tenían que entregarle a un anciano. Y el anciano que iba ya no volvía.

Un día, los señores del pueblo llegaron a casa de Tepoztécatl. Esta vez, le tocaba a su padre.

El anciano no protestó. Se echó la manta sobre los hombros, tomó su bastón y se despidió de su mujer. Pero Tepoztécatl se plantó delante de la puerta.

—Tú te quedas, padre —le dijo—. Voy yo.

—Eres solo un muchacho —contestó el anciano—. ¿Qué vas a hacer tú contra el monstruo?

—Ya lo verás —dijo Tepoztécatl.

Y se fue camino de Xochicalco. Mientras andaba, miraba el suelo con atención. Cada vez que veía un pedazo de obsidiana, esa piedra negra y brillante que corta como un cuchillo, lo recogía y lo guardaba entre la ropa. Cuando llegó, llevaba un buen montón.

El monstruo lo vio llegar y se burló de él. ¡Qué bocado tan pequeño! Abrió su enorme boca y se lo tragó entero, de un solo golpe.

Eso era justo lo que Tepoztécatl quería. Dentro del monstruo todo estaba oscuro y apretado, pero él no se asustó. Sacó sus piedras de obsidiana y, con sus filos, se abrió paso desde dentro hasta salir otra vez a la luz. El monstruo de Xochicalco no volvió a levantarse, y nunca más pidió a nadie.

Tepoztécatl regresó a casa cubierto de polvo. Sus viejos lo esperaban en la puerta sin poder creerlo, y el pueblo entero salió a recibirlo. Desde entonces lo respetaron como a un héroe, y con el tiempo llegó a ser el señor de Tepoztlán.

Por eso el templo que está en lo alto del cerro lleva su nombre, y por eso cada septiembre Tepoztlán lo recuerda con una gran fiesta.

Si algún día subes hasta allí, quizá llegues sin aliento y pienses que el camino es demasiado largo. Entonces acuérdate de Tepoztécatl: era solo un muchacho, pero con un puñado de piedras, mucha astucia y todo el cariño que les tenía a sus viejos, salvó a su padre y a todo su pueblo.

Después de leer

  1. 1. ¿Quiénes cuidaron a Tepoztécatl cuando era bebé?

    Respuesta orientativa

    Las hormigas, que le daban gotitas de miel; los magueyes, que lo alimentaron con aguamiel; el río, que lo llevó despacio en una caja; y, al final, un matrimonio de ancianos que lo crio como hijo.

  2. 2. ¿Qué recogió Tepoztécatl por el camino a Xochicalco?

    Respuesta orientativa

    Pedazos de obsidiana, una piedra negra y brillante que corta como un cuchillo.

  3. 3. ¿Por qué Tepoztécatl contestó «Ya lo verás» cuando su padre le dijo que no podría hacer nada?

    Respuesta orientativa

    Porque ya tenía un plan: dejar que el monstruo se lo tragara y vencerlo desde dentro con los filos de la obsidiana.

  4. 4. ¿Qué tienen en común las hormigas, los magueyes, el río y los ancianos en esta leyenda?

    Respuesta orientativa

    Que todos cuidan al niño cuando su propia familia lo abandona: la naturaleza y la gente buena lo protegen.

  5. 5. Antes de Tepoztécatl, los pueblos entregaban a sus ancianos al monstruo. ¿Cómo debería tratar una comunidad a sus mayores? ¿Por qué?

    Respuesta orientativa

    Respuesta abierta. Valora que hable de respeto, cuidado y agradecimiento, y de todo lo que los mayores saben y enseñan.

Palabras para aprender

precipicio
Borde de un terreno muy alto y cortado casi en vertical.
maguey
Planta mexicana de hojas grandes, gruesas y con espinas, de la que se saca el aguamiel.
penca
Hoja carnosa y gruesa de algunas plantas, como el maguey o el nopal.
aguamiel
Jugo dulce que se saca del corazón del maguey.
obsidiana
Piedra volcánica negra y brillante que, al romperse, deja bordes muy afilados.
astucia
Habilidad para encontrar la manera de conseguir algo o de salir de un apuro.

Ideas para el aula

  • Busca Tepoztlán y Xochicalco en un mapa del estado de Morelos y traza el camino que pudo seguir Tepoztécatl.
  • Investiga para qué usaban la obsidiana los pueblos antiguos de México y en qué museos se pueden ver objetos hechos con ella.
  • Cuenta la leyenda en una tira de cuatro viñetas: las hormigas, los magueyes, el río y el regreso del héroe.

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