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Mito · 8 a 12 años · 9 min

Los hombres de maíz

Según el Popol Vuh, los dioses creadores, Tepeu, Gucumatz y el Corazón del Cielo, tuvieron que intentarlo cuatro veces. Querían hacer a alguien que hablara con ellos, que los recordara y les diera las gracias. Y no les resultó nada fácil.

Primero crearon a los animales: los venados, los pájaros, los jaguares, las serpientes. Les dieron casa en los montes, en los barrancos y en los bosques, y luego les pidieron:

—Hablen. Digan nuestros nombres.

Pero los animales solo sabían chillar, cacarear, rugir y silbar. Ninguno consiguió decir una sola palabra. Así que los dioses los dejaron vivir en el bosque y buscaron otra solución.

La segunda vez probaron con barro. Modelaron una figura de lodo, pero no salió bien: era blanda, se desmoronaba, se le torcía la cara hacia un lado y no podía girar la cabeza. Hablaba, pero lo que decía no tenía sentido. Y, en cuanto se mojaba, se deshacía. Los dioses la desbarataron.

La tercera vez consultaron a dos abuelos adivinos, Ixpiyacoc e Ixmucané, que echaron la suerte con granos de maíz y semillas de tzité.

—Hagan muñecos de madera —les dijeron—. Saldrán bien.

Y salieron… más o menos. Los muñecos de madera hablaban, caminaban, tuvieron hijos y llenaron la tierra. Pero no tenían corazón ni pensamiento. Sus caras estaban secas, sin sangre en las mejillas. Andaban de aquí para allá sin saber adónde iban, nunca se acordaban de los dioses que los habían hecho y no cuidaban de nada ni de nadie.

Los dioses enviaron una gran inundación. Y entonces pasó algo que los muñecos no se esperaban: todo lo que había en sus casas se rebeló contra ellos.

Los primeros en hablar fueron los perros.

—¡Nunca nos daban de comer! —ladraron—. En cuanto nos acercábamos a la mesa, ya nos estaban echando con un palo. ¡Se acabó!

Después hablaron las piedras de moler, los metates:

—Todos los días, desde el amanecer hasta la noche, nos restregaban la cara: ¡holi, holi, huqui, huqui! Ahora es su turno.

Los comales y las ollas también protestaron:

—¡Siempre nos ponían en el fuego! ¡Miren cómo tenemos la cara, toda tiznada! ¡A ver si les gusta!

Y hasta las piedras del fogón saltaron de las brasas, dispuestas a ajustar cuentas.

Los muñecos de madera echaron a correr, desesperados. Se subían a los techos de las casas, y las casas se derrumbaban. Trepaban a los árboles, y los árboles los sacudían para tirarlos lejos. Intentaban meterse en las cuevas, y las cuevas se cerraban delante de sus narices.

Casi ninguno se salvó. Dicen que los pocos que escaparon se quedaron a vivir en el bosque y que sus descendientes son los monos. Por eso, según el Popol Vuh, los monos se parecen tanto a las personas.

La cuarta vez, los dioses lo pensaron mucho tiempo, en la oscuridad, cuando todavía no había sol ni luna. ¿De qué podían hacer la carne de las personas?

Entonces cuatro animales les trajeron la respuesta: el gato de monte, el coyote, la cotorra y el cuervo.

—En Paxil y Cayalá —dijeron— hay mazorcas amarillas y mazorcas blancas.

Los animales les enseñaron el camino, y allí encontraron un lugar lleno de alimentos: maíz, cacao, zapotes, anonas y miel.

La abuela Ixmucané molió las mazorcas amarillas y las blancas. Con aquella masa, los dioses formaron la carne de los primeros hombres, y con masa de maíz les hicieron también los brazos y las piernas. No había nada más en ellos: solo maíz. Fueron cuatro, y se llamaban Balam-Quitzé, Balam-Acab, Mahucutah e Iqui-Balam.

Esta vez, sí. Los hombres de maíz hablaban, escuchaban, caminaban y pensaban. Miraron a su alrededor y dieron las gracias a los dioses:

—Gracias por habernos creado. Podemos hablar, oír, pensar y movernos. ¡Gracias, una y mil veces!

Veían tan lejos y entendían tanto que su mirada llegaba a todo lo que hay bajo el cielo: los montes más lejanos, el fondo de los valles, las cuatro esquinas del mundo. A los dioses aquello les preocupó. ¿Y si llegaban a saber tanto como ellos? Así que el Corazón del Cielo les sopló un vaho en los ojos y se los nubló, como se nubla un espejo cuando le echamos el aliento. Desde entonces, las personas solo vemos con claridad lo que tenemos cerca.

Después, los dioses les dieron compañeras, y de ellos descienden los pueblos k’iche’. Los k’iche’ son un pueblo maya que sigue vivo hoy en las montañas de Guatemala. Y para ellos, como para muchos pueblos de México y de Centroamérica, el maíz sigue siendo mucho más que un alimento.

Después de leer

  1. 1. ¿Por qué no les sirvieron a los dioses los animales?

    Respuesta orientativa

    Porque no sabían hablar ni decir los nombres de los dioses: solo chillaban, cacareaban, rugían y silbaban.

  2. 2. ¿Qué le pasaba a la figura de barro?

    Respuesta orientativa

    Era blanda y se desmoronaba, tenía la cara torcida, no podía girar la cabeza, hablaba sin sentido y, en cuanto se mojaba, se deshacía.

  3. 3. ¿Por qué crees que los perros, los metates, los comales y las ollas se rebelaron contra los muñecos de madera?

    Respuesta orientativa

    Porque los muñecos los habían tratado mal: no daban de comer a los perros, los echaban con un palo y usaban los metates, los comales y las ollas sin ningún cuidado. No tenían corazón.

  4. 4. ¿Por qué el Corazón del Cielo les empañó la vista a los hombres de maíz?

    Respuesta orientativa

    Porque veían y entendían tanto que los dioses temieron que llegaran a saber tanto como ellos.

  5. 5. Según este mito, ¿qué hace falta para ser de verdad una persona? ¿Estás de acuerdo?

    Respuesta orientativa

    Respuesta abierta. Valora que mencione hablar y pensar, pero también tener corazón, recordar, dar las gracias y cuidar de los demás, y que dé su opinión.

Palabras para aprender

barranco
Corte profundo en el terreno, con paredes muy empinadas.
metate
Piedra plana sobre la que se muele el maíz con otra piedra alargada.
comal
Disco de barro o de metal que se pone al fuego para cocer tortillas y tostar alimentos.
tiznado
Manchado de negro por el humo o el hollín.
mazorca
Fruto del maíz, alargado, con los granos pegados unos a otros.
vaho
Vapor que sale del aliento o de algo caliente y que empaña los cristales.

Ideas para el aula

  • Haz una tabla con los cuatro intentos de los dioses: de qué estaban hechos, qué salió bien y qué salió mal.
  • Representa en grupo la rebelión de los objetos: cada uno es un perro, un metate, un comal o una olla y dice su queja con su propia voz.
  • Investiga qué platillos se preparan con maíz amarillo y blanco en México y en Guatemala, y haz un recetario de la clase.

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