Mito · 7 a 10 años · 7 min
El rey Midas y el toque de oro
Una mañana, unos campesinos de Frigia encontraron a un anciano perdido entre los campos. Llevaba una corona de hojas torcida y apenas se tenía en pie. Como no sabían quién era, lo llevaron ante su rey, Midas.
El rey lo reconoció enseguida: era Sileno, el anciano que había criado a Dioniso, el dios de las viñas. Se había quedado atrás cuando el dios y su alegre compañía pasaron por allí.
Midas lo trató como a un invitado de honor. Durante diez días y diez noches celebró fiestas para él, y luego lo llevó hasta donde estaba Dioniso. El dios se alegró tanto de recuperarlo que le dijo al rey:
—Pídeme lo que quieras y te lo concederé.
—Quiero que todo lo que toque se convierta en oro —contestó Midas, sin pensarlo mucho.
A Dioniso le dio pena que no hubiera pedido algo mejor, pero cumplió su palabra.
Midas volvió a casa dando saltos de alegría. Por el camino arrancó una ramita de encina, y la ramita se volvió de oro. Levantó una piedra: ¡oro! Tocó unas espigas de trigo, y las espigas se volvieron de oro. Al llegar al palacio, rozó las columnas de la puerta, y las columnas relucieron. Se lavó las manos en la fuente, y el agua le cayó entre los dedos como una lluvia dorada.
—¡Soy el hombre más rico del mundo! —gritaba.
Los criados le prepararon un banquete. Pero, cuando Midas tomó un trozo de pan, el pan se puso duro y amarillo entre sus dedos. Mordió un pedazo de carne, y se encontró con una lámina de oro entre los dientes. Quiso beber, y en la boca se le derritió oro líquido.
Tenía más riquezas que nadie y no podía comer ni beber. Primero pasó hambre, después sed, y acabó odiando lo que tanto había deseado.
—¡Perdóname, Dioniso! —suplicó, levantando al cielo sus brazos relucientes—. Me he equivocado. ¡Quítame este regalo!
El dios, que era bondadoso, le respondió:
—Ve al río Pactolo y súbelo hasta el lugar donde nace. Allí, mete la cabeza y el cuerpo bajo el agua.
Midas obedeció. En cuanto se metió en el agua, el poder del oro pasó de su cuerpo al río. Por eso, cuentan, el Pactolo arrastraba granitos de oro entre sus arenas.
Desde entonces, Midas odió las riquezas y se fue a vivir al campo. Pero no se volvió mucho más sensato.
Un día, Pan, el dios de los pastores, presumió de que su flauta de cañas sonaba mejor que la lira de Apolo, el dios de la música. Hicieron un concurso, y el juez fue Tmolo, el dios de una montaña. Apolo tocó tan bien que Tmolo le dio el premio, y todos estuvieron de acuerdo. Todos menos Midas, que estaba escuchando.
—¡No es justo! ¡Pan toca mejor!
Apolo pensó que unas orejas tan torpes no merecían tener forma humana. Se las estiró, las cubrió de pelo gris y las hizo largas y movedizas: ¡orejas de burro!
Midas, muerto de vergüenza, se las tapó con un turbante morado. Solo el criado que le cortaba el pelo conocía el secreto. El pobre no se atrevía a contarlo, pero tampoco podía callárselo. Así que un día cavó un agujero en el campo y susurró dentro:
—El rey Midas tiene orejas de burro.
Luego lo tapó con tierra y se fue tan tranquilo.
Pero allí crecieron unas cañas. Y cuando el viento soplaba entre ellas, las cañas repetían bajito, para todo el que pasaba:
—El rey Midas tiene orejas de burro…
Después de leer
1. ¿Por qué Dioniso le concedió un deseo a Midas?
Respuesta orientativa
Porque Midas había tratado muy bien a Sileno, el anciano que había criado al dios, y se lo había devuelto.
2. ¿Qué hizo Midas para librarse del toque de oro?
Respuesta orientativa
Pidió perdón a Dioniso y, como él le indicó, se metió bajo el agua del río Pactolo, en el lugar donde nace.
3. ¿Por qué el toque de oro, que parecía un regalo maravilloso, se convirtió en un castigo?
Respuesta orientativa
Porque convertía en oro también el pan, la carne y el agua, y Midas no podía comer ni beber.
4. ¿Por qué el criado cavó un agujero para contar el secreto?
Respuesta orientativa
Porque no se atrevía a contárselo a nadie, pero tampoco aguantaba callárselo. Así lo decía en voz alta sin que nadie lo oyera, o eso creía.
5. Si te concedieran un deseo, ¿qué pedirías? ¿Cómo comprobarías antes que no tiene trampa, como el de Midas?
Respuesta orientativa
Respuesta abierta. Valora que piense en las consecuencias de su deseo y que proponga pensarlo con calma antes de pedirlo.
Palabras para aprender
- conceder
- Dar a alguien lo que pide.
- encina
- Árbol de hojas duras que no se caen en invierno y que da bellotas.
- espiga
- Parte de arriba del tallo del trigo, donde están los granos.
- lira
- Instrumento musical antiguo de cuerdas, con forma de U, que se toca con los dedos.
- turbante
- Tela larga que se enrolla alrededor de la cabeza.
- movedizo
- Que se mueve con facilidad.
Ideas para el aula
- Haz dos columnas: cosas que se pueden comprar con oro y cosas que no se pueden comprar. Después, compara tu lista con la de un compañero.
- Representa con títeres la escena del criado, el agujero y las cañas que susurran el secreto.
- Averigua qué quiere decir que alguien «tiene el toque de Midas» y escribe una frase con esa expresión.