Mito · 8 a 12 años · 8 min
Pandora y la jarra
Hefesto, el dios herrero, mezcló tierra con agua y se puso a modelar. Trabajaba despacio, con sus manos grandes, endurecidas de tanto golpear el hierro en la fragua, y poco a poco fue saliendo del barro una figura: una muchacha con la cara tan hermosa como la de una diosa. Hefesto le dio voz y fuerza humanas, y la muchacha abrió los ojos.
Se lo había encargado Zeus, el rey de los dioses. Estaba furioso porque Prometeo había robado el fuego del Olimpo para dárselo a los humanos, y había decidido castigarlos con un regalo que escondía una trampa.
—Les daré algo que los hará muy felices —había dicho Zeus— y que, al mismo tiempo, les traerá muchas desgracias.
Cuando Hefesto terminó, los demás dioses se acercaron a la muchacha, uno detrás de otro, y cada uno le hizo un regalo. Atenea le enseñó a tejer y la vistió. Afrodita le dio encanto. Las Gracias le colgaron collares de oro, y las Horas, las diosas de las estaciones, le pusieron en el pelo una corona de flores de primavera. Hermes, el mensajero de los dioses, le dio la palabra, y con ella la habilidad de hablar con dulzura, aunque no siempre dijera la verdad.
Como todos los dioses le habían dado algo, la llamaron Pandora, un nombre que en griego quiere decir, más o menos, «todos los regalos».
Después, Hermes la llevó a la tierra. Pero no fue a casa de Prometeo, que era demasiado listo, sino a la de su hermano Epimeteo.
Prometeo, cuyo nombre significa «el que piensa antes», se lo había advertido muchas veces a su hermano:
—No aceptes nunca un regalo de Zeus. Si te manda algo, devuélveselo enseguida, o traerá problemas a los humanos.
Pero Epimeteo, cuyo nombre significa «el que piensa después», vio a Pandora en la puerta, tan bonita y tan sonriente, y se olvidó del consejo. La recibió en su casa con los brazos abiertos. Solo más tarde, cuando ya no había remedio, comprendió lo que había hecho.
Hasta entonces, los seres humanos vivían sin desgracias. No conocían las enfermedades, ni los trabajos agotadores, ni las penas. Pero había una jarra. Era una de esas jarras enormes de barro, casi tan altas como una persona, que los griegos usaban para guardar el aceite o el grano, y estaba cerrada con una tapa pesada. Lo que había dentro no era aceite ni grano.
Un día, Pandora levantó la tapa.
El poeta Hesíodo, que es quien nos cuenta esta historia desde hace casi tres mil años, no dice de dónde había salido la jarra ni por qué la abrió Pandora. ¿Por curiosidad? ¿Porque así lo había planeado Zeus desde el principio? No lo sabemos. Lo que sí cuenta es lo que pasó después.
De la jarra salieron volando todos los males: las enfermedades, el cansancio, las preocupaciones y mil penas más, y se esparcieron por la tierra y por el mar. Desde entonces, las enfermedades van de casa en casa, de día y de noche, sin hacer ningún ruido, porque Zeus les quitó la voz. Por eso llegan siempre sin avisar.
Pandora, asustada, volvió a poner la tapa tan deprisa como pudo. Pero ya era tarde. Dentro solo quedó una cosa, escondida bajo el borde de la jarra, que no llegó a salir: la esperanza.
Desde entonces, mucha gente se ha preguntado qué significa eso. Hay quien piensa que la esperanza se quedó encerrada para que los humanos no pudieran usarla, como un castigo más. Otros creen justo lo contrario: que es lo único bueno que conservamos, lo que nos ayuda a seguir adelante cuando todo lo demás va mal.
Así explicaban los antiguos griegos por qué hay en el mundo enfermedades y tristezas, y por qué, a pesar de todo, las personas no pierden la esperanza.
Por cierto, en el relato de Hesíodo, Pandora abre una jarra, no una caja. Muchos siglos después, en el siglo XVI, un sabio llamado Erasmo de Róterdam contó la historia en latín y cambió la jarra por una caja. La idea gustó tanto que hoy casi todo el mundo habla de «la caja de Pandora». Y cuando alguien hace algo que desata un montón de problemas, decimos que ha abierto la caja de Pandora.
Después de leer
1. ¿Quién fabricó a Pandora y con qué materiales?
Respuesta orientativa
Hefesto, el dios herrero, que mezcló tierra con agua y la modeló como si fuera barro.
2. ¿Qué quedó dentro de la jarra cuando Pandora volvió a taparla?
Respuesta orientativa
La esperanza, escondida bajo el borde de la jarra.
3. ¿Por qué el nombre de Epimeteo, «el que piensa después», le va tan bien al personaje?
Respuesta orientativa
Porque recibió a Pandora sin acordarse del consejo de su hermano y solo se dio cuenta del error cuando ya no había remedio.
4. ¿Por qué envió Zeus a Pandora a los humanos?
Respuesta orientativa
Para castigarlos, porque Prometeo les había dado el fuego que había robado a los dioses.
5. Muchas versiones echan toda la culpa a Pandora. Después de leer esta, ¿te parece justo? ¿Quién más tuvo parte de responsabilidad?
Respuesta orientativa
Respuesta abierta. Valora que mencione a Zeus, que lo planeó todo para castigar a los humanos; a Epimeteo, que no hizo caso del aviso, y que Hesíodo ni siquiera dice por qué Pandora abrió la jarra.
Palabras para aprender
- herrero
- Persona que trabaja el hierro y otros metales calentándolos y golpeándolos.
- fragua
- Horno del herrero donde se calientan los metales para darles forma.
- encanto
- Cualidad de una persona que hace que resulte agradable y atractiva.
- desgracia
- Suceso que causa dolor o tristeza.
- desatar
- Provocar de golpe algo que estaba contenido, como un problema o una tormenta.
Ideas para el aula
- Dibuja la jarra de Pandora como la cuenta Hesíodo y, al lado, la caja que aparece en otras versiones. ¿Cambia algo la historia?
- Cada alumno escribe en un papel algo que le da esperanza; se guardan todos en un frasco de la clase y se leen juntos al final del trimestre.
- Escribe una situación de la vida real en la que se podría decir que alguien «ha abierto la caja de Pandora».