Leyenda · 9 a 12 años · 8 min
La leyenda de la Mulata de Córdoba
Esta historia empieza en Córdoba, una ciudad de Veracruz rodeada de montes verdes y campos de caña, y termina en un lugar donde nadie esperaba que terminara: en el dibujo de una pared.
Hace mucho tiempo, cuando México todavía se llamaba Nueva España, vivía en Córdoba una mujer a la que todos conocían como la Mulata. En aquella época se llamaba así a las personas que tenían antepasados africanos y europeos. Su nombre verdadero no lo recuerda nadie. Lo que hacía, en cambio, no lo ha olvidado nadie.
La Mulata era curandera. Conocía las plantas del monte como otros conocen a sus vecinos: cuál bajaba la fiebre, cuál calmaba el dolor de muelas, cuál ayudaba a dormir a los niños que tenían pesadillas. Tenía las manos tibias y la voz tranquila, y a su puerta llamaba gente de toda clase: campesinos, arrieros, pescadores y también señoras ricas que llegaban con la cara cubierta para que nadie las reconociera.
Además, había algo extraño en ella: los años pasaban y no envejecía. Las vecinas que la habían conocido de niñas ya tenían canas, y ella seguía igual, con la piel lisa, el pelo negro y brillante y la misma sonrisa.
La gente empezó a murmurar. Que si de noche se la oía hablar sola en el patio. Que si en su casa brillaba una luz rara. Que si curaba tan bien porque tenía tratos con el diablo. Nadie había visto nada, pero todos repetían lo que otros contaban, y cada vez lo contaban más grande.
En aquel tiempo existía un tribunal muy temido, la Inquisición, que juzgaba a quienes eran acusados de brujería o de ir contra las normas de la Iglesia. Un día, alguien denunció a la Mulata. Unos guardias llegaron a su casa, se la llevaron sin dejarla despedirse de nadie y la encerraron lejos de Córdoba, en un calabozo oscuro de la Ciudad de México, con una sola ventanita alta por la que apenas entraba la luz.
La acusaron de bruja. Ella contestó con calma a todas las preguntas, pero nadie la escuchaba de verdad: ya habían decidido que era culpable, y la condenaron.
La noche antes de que se cumpliera la condena, el carcelero bajó a llevarle la cena. La encontró sentada en el suelo, muy tranquila, con un trozo de carbón en la mano. Y en la pared del calabozo había dibujado un barco.
No era un barco cualquiera. Tenía tres mástiles, velas hinchadas como si soplara el viento, cuerdas finísimas y hasta olas alrededor. Parecía tan de verdad que el carcelero dejó el plato en el suelo y se acercó a mirarlo.
—¿Te gusta? —le preguntó la Mulata—. Dime una cosa: ¿qué le falta a este barco?
El carcelero lo miró de arriba abajo y se encogió de hombros.
—No le falta nada. Bueno… solo le falta navegar.
—Entonces, fíjate bien —contestó ella, y sonrió.
Se levantó, puso un pie en la cubierta dibujada y, ante los ojos del carcelero, subió al barco. Las velas de carbón se llenaron de un viento que nadie sentía. El barco se despegó despacio de la pared, se deslizó por el calabozo como si el suelo fuera agua y, cada vez más rápido, se perdió por un rincón oscuro, con la Mulata de pie en la proa, mirando hacia adelante.
Cuando el carcelero pudo moverse, solo quedaban la pared vacía, el trozo de carbón en el suelo y un ligero olor a mar.
Nunca más se supo de ella. Hay quien dice que navegó hasta la costa de Veracruz y que siguió curando en algún pueblo lejano, con otro nombre. Hay quien dice que todavía navega.
No se sabe si la Mulata de Córdoba existió de verdad. Lo que sí se sabe es que en aquella época varias mujeres que curaban con plantas fueron acusadas de brujería ante la Inquisición, muchas veces por chismes y por miedo a lo que sabían. Quizá por eso esta leyenda se sigue contando: porque en ella, por una vez, la mujer sabia se escapa.
Después de leer
1. ¿Por qué iba tanta gente a casa de la Mulata?
Respuesta orientativa
Porque era curandera: conocía las plantas que bajaban la fiebre, calmaban el dolor de muelas o ayudaban a dormir, y curaba a gente de toda clase.
2. ¿Qué dibujó la Mulata en la pared del calabozo?
Respuesta orientativa
Un barco, con un trozo de carbón: tenía tres mástiles, velas hinchadas, cuerdas finísimas y olas alrededor.
3. ¿Por qué la gente empezó a desconfiar de ella? ¿Tenía pruebas?
Respuesta orientativa
Porque no envejecía y curaba muy bien, y empezaron a correr rumores. No tenían pruebas: nadie había visto nada, solo repetían lo que otros contaban, cada vez más exagerado.
4. ¿Por qué crees que la Mulata le pregunta al carcelero qué le falta al barco?
Respuesta orientativa
Porque quería que él mismo dijera que solo le faltaba navegar. En cuanto lo dice, el barco navega y ella escapa: es como si su respuesta abriera el camino.
5. En la leyenda, los rumores crecen cada vez que alguien los repite. ¿Pasa eso hoy? ¿Qué podemos hacer cuando oímos un rumor sobre alguien?
Respuesta orientativa
Respuesta abierta. Valora que lo relacione con los chismes y con las redes sociales, y que proponga comprobar antes de repetir y no juzgar a nadie sin pruebas.
Palabras para aprender
- mulata
- En la época colonial, nombre que se daba a una persona con antepasados africanos y europeos. Es el nombre con el que la recuerda la leyenda.
- curandera
- Mujer que cura con plantas y remedios tradicionales.
- arriero
- Persona que llevaba mercancías de un lugar a otro con mulas o burros.
- Inquisición
- Tribunal de la Iglesia católica que durante siglos juzgó y castigó a personas acusadas de ir contra la fe.
- calabozo
- Celda oscura de una cárcel.
- proa
- Parte delantera de un barco.
Ideas para el aula
- Haz con tu clase un pequeño herbario: dibuja plantas de tu región y escribe su nombre en español y, si lo conoces, en una lengua indígena de México.
- Investiga sobre las personas de origen africano que vivieron en la Nueva España y su huella en la música, la comida y la cultura de Veracruz.
- Dibuja tu propio barco mágico y escribe adónde te llevaría si pudieras subirte a él.
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