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Leyenda · 9 a 12 años · 8 min

La leyenda de la cueva de Salamanca

Las clases empezaban a medianoche y terminaban antes de que cantara el gallo. No había bancos ni pizarra: solo una vela que nunca se consumía. Y el profesor, según dicen, era el mismísimo diablo.

Esto es lo que se cuenta en Salamanca, una ciudad de piedra dorada famosa por su universidad, una de las más antiguas de Europa. Hace siglos llegaban allí estudiantes de todas partes para aprender leyes, medicina, gramática o astronomía. Pero algunos querían aprender otras cosas: las que no se enseñaban en ninguna aula.

Bajo la iglesia de San Cebrián, a la que también llamaban de San Ciprián, había una cripta: una sala subterránea a la que se bajaba por una escalera estrecha y húmeda. Allí, según la leyenda, un sacristán alto y flaco, de voz suave y ojos que brillaban demasiado, enseñaba en secreto las artes mágicas: cómo leer el futuro en las estrellas, cómo encontrar tesoros escondidos, cómo adivinar lo que piensan los demás.

Las lecciones no costaban ni una moneda, pero tenían un precio. Siete alumnos estudiaban allí durante siete años. Y cuando terminaba el curso, el último que saliera por la puerta de la cueva se quedaría dentro para siempre, al servicio del maestro.

Uno de aquellos alumnos era don Enrique de Villena, al que todos llamaban el marqués de Villena. Fue un hombre de verdad, que vivió hace unos seiscientos años: escribía libros, traducía obras antiguas y sabía tantas cosas que la gente empezó a murmurar que las había aprendido en la cueva.

Durante siete años, Villena bajó cada noche la escalera de la cripta. Aprendió más que nadie. Pero, sobre todo, aprendió a observar a su maestro. Y se dio cuenta de algo importante: el diablo cumplía sus tratos al pie de la letra, ni una palabra más ni una menos.

Llegó la última noche del séptimo año. El maestro se plantó junto a la puerta con una sonrisa muy larga.

—Ya conocéis el trato —dijo—. Podéis marcharos. El último que cruce esta puerta se queda conmigo.

Los alumnos salieron atropellándose, a codazos, subiendo los escalones de dos en dos. Todos menos Villena, que se entretuvo recogiendo sus libros, uno por uno, con mucha calma. Tanto se entretuvo que, cuando por fin echó a andar, la luz del amanecer ya bajaba por la escalera.

Villena caminó hacia la luz. Y al caminar hacia la luz, su sombra se quedó detrás de él, larga y negra sobre los escalones. Cuando el marqués cruzó la puerta, se dio la vuelta y señaló al suelo.

—Ahí tienes al último —dijo—. Es todo tuyo.

El diablo miró hacia abajo. La sombra del marqués todavía estaba dentro de la cueva. Soltó un gruñido que hizo temblar la llama de la vela, pero un trato es un trato: alargó la mano y agarró la sombra, que se despegó de los talones de Villena con un ruidito seco, como un papel al rasgarse.

Y el marqués de Villena subió la escalera y salió a la calle. Libre. Libre… y sin sombra.

Desde aquel día, Villena procuraba pasear a mediodía, cuando el sol está tan alto que las sombras se encogen y casi nadie se fija en ellas. Pero siempre había alguien que se daba cuenta: un niño que jugaba en la plaza, una vendedora de castañas, un perro que olfateaba el suelo a su alrededor buscando algo que no estaba. Y por toda la ciudad corría el rumor: «Ese es el que engañó al diablo».

La iglesia de San Cebrián desapareció hace mucho tiempo, pero lo que queda de aquella cripta todavía se puede visitar en Salamanca, junto a una torre que lleva el nombre del marqués. Todo el mundo la conoce como la Cueva de Salamanca. Si algún día vas, haz una cosa al salir: mira al suelo y comprueba que tu sombra sigue contigo.

Después de leer

  1. 1. ¿Qué precio tenían las lecciones de la cueva?

    Respuesta orientativa

    No costaban dinero, pero al terminar los siete años el último alumno que saliera por la puerta se quedaría para siempre al servicio del maestro.

  2. 2. ¿Qué señaló el marqués de Villena al cruzar la puerta?

    Respuesta orientativa

    Su propia sombra, que todavía estaba dentro de la cueva, detrás de él.

  3. 3. ¿Por qué Villena se entretuvo recogiendo sus libros mientras los demás salían corriendo?

    Respuesta orientativa

    Porque tenía un plan: quería salir el último cuando ya entrara la luz del amanecer, para que su sombra se quedara detrás de él y fuera ella lo último en cruzar la puerta.

  4. 4. ¿Por qué el diablo tuvo que conformarse con la sombra?

    Respuesta orientativa

    Porque cumplía sus tratos al pie de la letra: había dicho que se quedaría con «el último que cruce esta puerta», y lo último que la cruzó fue la sombra.

  5. 5. Los alumnos aceptaron un trato peligroso a cambio de aprender. ¿Qué conviene pensar antes de aceptar un trato o unas condiciones?

    Respuesta orientativa

    Respuesta abierta. Valora que hable de leer bien todas las condiciones, pensar en lo que puede salir mal y no dejarse llevar por la prisa o por las ganas de conseguir algo.

Palabras para aprender

cripta
Sala que hay debajo de una iglesia.
sacristán
Persona que ayuda en una iglesia y cuida de sus objetos.
marqués
Título de nobleza, por debajo del de duque.
murmurar
Hablar en voz baja de alguien, a menudo para criticarlo.
al pie de la letra
Exactamente como se ha dicho, sin cambiar nada.
atropellarse
Hacer algo con mucha prisa, empujándose unos a otros.

Ideas para el aula

  • Haz un experimento con una linterna en el aula a oscuras: ¿hacia dónde va tu sombra si caminas hacia la luz? ¿Y si te alejas de ella? Explica con un dibujo cómo engañó Villena al diablo.
  • Escribe con tu grupo el contrato de la cueva, con todas sus condiciones. Después, intercambia el contrato con otro grupo para que busque una trampa por la que escapar, como hizo Villena.
  • Busca Salamanca en el mapa de España e investiga sobre su universidad: en qué siglo se fundó y qué se estudiaba en ella.

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