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Leyenda · 7 a 10 años · 8 min

La leyenda de San Martín Txiki y los basajaunak

Hubo un tiempo, cuentan, en que en los valles del País Vasco y de Navarra nadie sabía hacer pan. La gente comía castañas, bellotas, queso y leche, y lo que daba el monte. Pero no había trigo. El trigo lo tenían otros.

En lo alto de los montes, en cuevas escondidas entre hayas y peñas, vivían los basajaunak. En euskera, basajaun quiere decir «señor del bosque», y basajaunak es la forma de decirlo cuando son varios. Eran gigantes cubiertos de pelo de la cabeza a los pies, que cuidaban de los rebaños del monte y sabían cosas que los humanos ni imaginaban. Sobre todo, sabían cultivar el trigo. Pero no compartían su secreto con nadie.

En un caserío del valle vivía un hombre al que todos llamaban San Martín Txiki. Txiki quiere decir «pequeño», y el nombre le venía al pelo: era bajito, delgado y más listo que el hambre.

Un día, Martín subió al monte y se presentó en la cueva de los basajaunak. Dentro, a la luz del fuego, brillaban unos montones de trigo dorado casi tan altos como él.

—¿Qué quieres, pequeñajo? —gruñó el basajaun más grande.

—Nada —dijo Martín—. Me han contado que los basajaunak saltáis mucho. Pero yo creo que salto más que vosotros.

Los basajaunak soltaron una carcajada que hizo temblar las paredes de la cueva. ¿Aquel hombrecillo, saltar más que ellos? Aceptaron el desafío enseguida: ganaría quien saltara por encima de los montones de trigo.

El primer basajaun tomó carrerilla y pasó por encima del montón como si nada. El segundo, igual. Le tocó a Martín. Corrió, saltó… y cayó de lleno en medio del trigo. ¡Plof!

—¡Vaya! —dijo, sacudiéndose—. Dejadme probar otra vez.

Y otra vez cayó en el trigo. Y otra más. Los basajaunak se reían tanto que tenían que secarse las lágrimas con las barbas.

Lo que no vieron es que, cada vez que Martín caía, los granos de trigo se le metían en las abarcas. Cuando las tuvo bien llenas, se puso de pie y dijo:

—Está bien, habéis ganado. Me voy a casa.

Y echó a correr monte abajo. Uno de los basajaunak miró al suelo, vio el rastro de granos que iba dejando y lo entendió todo.

—¡Se lleva nuestro trigo!

Le lanzó su hacha, que pasó silbando por encima de la cabeza de Martín y fue a clavarse en el tronco de un haya. Pero Martín era pequeño y rápido, y en un momento desapareció entre los árboles.

Ya en casa, Martín se sentó a contar sus granos. Tenía semillas, sí. Pero le faltaba algo: no sabía cuándo había que sembrarlas. Si se equivocaba de estación, el trigo se helaría o se secaría, y no habría otra oportunidad.

Así que una tarde volvió al monte, se escondió entre los helechos cerca de la cueva y esperó. Al caer la noche, los basajaunak se sentaron junto al fuego y empezaron a cantar. Era una canción antigua, que se cantaban unos a otros para no olvidar las tareas del campo. Y en ella, entre otras cosas, se decía cuándo había que sembrar el trigo: en otoño, cuando caen las hojas de los árboles.

Nadie se pone de acuerdo en las palabras exactas de aquella canción, y en cada valle la recuerdan a su manera. Si tuviéramos que resumirla con una frase nuestra, quizá sería esta: «Cuando la hoja baja del árbol, el grano baja a la tierra».

Martín volvió al valle tan contento que casi no tocaba el suelo. Aquel otoño, cuando las hayas y los robles empezaron a soltar sus hojas, sembró el trigo. Y al verano siguiente, sus campos se llenaron de espigas doradas que se mecían con el viento como un mar.

Martín no se guardó el trigo para él. Repartió las semillas entre todos los caseríos, y así el trigo se fue extendiendo de valle en valle. Por fin hubo pan.

Dicen que, desde entonces, los basajaunak no se fían de nadie que les proponga un concurso de saltos. Y que en otoño, cuando caen las hojas, todavía se les oye refunfuñar dentro de sus cuevas.

Después de leer

  1. 1. ¿Qué desafío les propuso Martín Txiki a los basajaunak?

    Respuesta orientativa

    Un concurso de saltos: ganaría quien saltara por encima de los montones de trigo.

  2. 2. ¿Dónde se llevó Martín los granos de trigo?

    Respuesta orientativa

    Metidos en las abarcas, el calzado que llevaba.

  3. 3. ¿Por qué Martín se caía una y otra vez en el montón de trigo?

    Respuesta orientativa

    Lo hacía a propósito: cada vez que caía, se le metían más granos en las abarcas.

  4. 4. ¿Por qué no le bastaba a Martín con tener las semillas?

    Respuesta orientativa

    Porque no sabía cuándo había que sembrarlas, y si se equivocaba de estación el trigo se helaría o se secaría.

  5. 5. Martín se llevó el trigo sin permiso, pero luego lo repartió entre todos. ¿Te parece bien lo que hizo? ¿Qué otra cosa podría haber hecho?

    Respuesta orientativa

    Respuesta abierta. Valora que distinga entre lo que quería conseguir (que todos tuvieran pan) y la forma de hacerlo (engañando), y que proponga otras salidas, como pedirlo o hacer un trato.

Palabras para aprender

euskera
Lengua vasca, que se habla en el País Vasco, en parte de Navarra y en una zona del sur de Francia.
caserío
Casa de campo típica del País Vasco y de Navarra, con sus tierras y sus animales.
carrerilla
Pequeña carrera que se toma antes de saltar.
abarcas
Calzado de cuero que cubre la planta del pie y se sujeta con correas.
espiga
Parte de arriba del tallo del trigo, donde están los granos.
refunfuñar
Quejarse en voz baja, gruñendo.

Ideas para el aula

  • Planta unos granos de trigo en un vaso con tierra o con algodón húmedo y anota cada día en un diario cómo crecen.
  • Compara esta leyenda con la del origen del maíz: ¿quién guarda el alimento, quién lo consigue y cómo lo hace?
  • Busca el País Vasco y Navarra en el mapa e investiga otros seres de la mitología vasca, como Mari o las lamias.

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