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Leyenda · 7 a 10 años · 7 min

La leyenda del lagarto de la Malena

En Jaén, una ciudad andaluza rodeada de olivares, hay un barrio antiguo que se llama la Magdalena. Mucha gente, para abreviar, lo llama la Malena. Y en ese barrio hay un manantial de agua fresca donde antiguamente los vecinos iban a llenar sus cántaros.

Hasta que un día, en una cueva junto al manantial, se instaló un lagarto. Pero no un lagarto cualquiera, de esos que toman el sol en las paredes. Este era más largo que tres burros puestos en fila, tenía la piel verde y rugosa como la corteza de un árbol y una boca en la que cabía una oveja entera.

Y, por desgracia, eso era justo lo que hacía: comerse las ovejas. Y las cabras. Y las gallinas. Y hasta los cántaros que las vecinas dejaban caer al salir corriendo, que masticaba con un crujido, como si fueran galletas. Pronto nadie se atrevía a acercarse a por agua, y en el barrio había mucha sed y mucho miedo.

Los señores que gobernaban la ciudad no sabían qué hacer. Los soldados no querían ni acercarse. Hasta que un día llegó un mensaje desde la cárcel: un preso decía que él podía librar a Jaén del lagarto. Eso sí, pedía algo a cambio: su libertad.

—¿Y cómo piensa hacerlo? —le preguntaron los señores, rascándose la barba.

—Necesito tres cosas —contestó el preso—: un caballo rápido, un saco de panes recién hechos y un saco de pólvora.

Los señores se miraron. Aquello parecía una broma. Pero como no tenían una idea mejor, le dieron lo que pedía.

Esa noche, en todos los hornos de la ciudad, los panaderos trabajaron sin parar. Al amanecer, el preso montó a caballo con los panes calentitos a un lado y la pólvora al otro. El pan olía tan bien que, al verlo pasar, a los vecinos se les hacía la boca agua.

Se acercó despacio al manantial y dejó caer un pan en el suelo. Del fondo de la cueva salió un hocico enorme que olfateó el aire. ¡Ñam! El pan desapareció. El preso dejó caer otro un poco más allá. ¡Ñam! Y otro. ¡Ñam! Y otro más.

Así, pan a pan, el preso fue llevando al lagarto calle arriba, por toda la ciudad. El lagarto lo seguía meneando la cola, tan entretenido con los panes que no se fijaba en nada más. Detrás, a una distancia prudente, iba medio Jaén en procesión, aguantándose a la vez la risa y el miedo.

Cuando llegaron a la plaza de San Ildefonso, el preso encendió la mecha del saco de pólvora y, en lugar de un pan, se lo lanzó al lagarto. El animal, glotón como era, se lo tragó de un bocado, sin masticar.

Durante un momento no pasó nada. El lagarto se relamió. Miró al preso como pidiendo más. Y entonces…

¡BUUUM!

El lagarto estalló con un estruendo que hizo temblar las campanas de todas las iglesias. Cuando se disipó el humo, la plaza olía a pólvora y a pan tostado, y el lagarto ya no volvió a molestar a nadie.

Los vecinos sacaron al preso a hombros, y los señores, que eran gente de palabra, le dieron la libertad. Y en el barrio de la Magdalena volvieron a llenar los cántaros en el manantial, cantando y sin mirar por encima del hombro.

Hoy, el lagarto de la Malena es uno de los símbolos de Jaén, y en el barrio de la Magdalena hay una escultura que lo recuerda. Eso sí: si alguna vez vas por allí con un bocadillo, cómetelo deprisa. Nunca se sabe.

Después de leer

  1. 1. ¿Qué pidió el preso para enfrentarse al lagarto?

    Respuesta orientativa

    Un caballo rápido, un saco de panes recién hechos y un saco de pólvora.

  2. 2. ¿Qué le prometieron al preso si vencía al lagarto?

    Respuesta orientativa

    La libertad: salir de la cárcel.

  3. 3. ¿Por qué crees que el preso quería que los panes estuvieran recién hechos?

    Respuesta orientativa

    Porque el olor del pan caliente llega muy lejos y atraería al lagarto, que lo seguiría sin fijarse en nada más.

  4. 4. ¿Por qué el lagarto se tragó el saco de pólvora sin darse cuenta?

    Respuesta orientativa

    Porque era muy glotón, estaba entretenido comiendo un pan tras otro y pensó que el saco era otro pan. Se lo tragó de un bocado, sin masticar.

  5. 5. Los soldados no se atrevían, pero un preso sí. ¿Qué te parece que la ciudad confiara en él? ¿Merecía la libertad?

    Respuesta orientativa

    Respuesta abierta. Valora que razone sobre las segundas oportunidades y sobre que el ingenio puede ser más útil que la fuerza.

Palabras para aprender

manantial
Lugar donde el agua sale de la tierra de forma natural.
cántaro
Vasija grande de barro, con asa, que se usaba para llevar agua.
preso
Persona que está encerrada en una cárcel.
pólvora
Polvo que explota al prenderle fuego.
mecha
Cordón que se enciende para hacer explotar la pólvora.
estruendo
Ruido muy fuerte.

Ideas para el aula

  • Dibuja el mapa del recorrido del preso, desde el manantial de la Magdalena hasta la plaza de San Ildefonso, con los panes por el camino. Después busca esos lugares en un plano de Jaén.
  • Inventa otra forma de vencer al lagarto sin pólvora, solo con ingenio, y cuéntasela a la clase.
  • Compara esta leyenda con la del Drac de na Coca, de Palma de Mallorca: ¿cómo vencen al monstruo en cada una?

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