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Mito · 9 a 12 años · 8 min

Prometeo y el fuego

En los primeros tiempos del mundo, cuenta el poeta griego Hesíodo, los dioses y los seres humanos se reunieron en un lugar llamado Mecona para ponerse de acuerdo en algo importante: qué parte de cada animal sería para los dioses y qué parte para las personas.

Prometeo se ofreció a hacer el reparto. Era un titán, de una familia de dioses muy antiguos, y era tan listo que su nombre quiere decir «el que piensa antes». Además, tenía cariño a los humanos y no le gustaba verlos siempre salir perdiendo.

Tomó un buey grande y lo repartió en dos montones. En uno puso la carne, lo mejor de todo, pero la escondió dentro del estómago del animal, que era feo y no daba ninguna gana de comérselo. En el otro amontonó los huesos pelados y los tapó con una capa de grasa blanca y reluciente, que daba gusto verla.

—Escoge, Zeus —dijo Prometeo, muy amable—. El montón que elijas será para los dioses.

Zeus, el rey de los dioses, eligió el montón brillante. Al apartar la grasa, encontró debajo los huesos. Hesíodo cuenta que Zeus se había dado cuenta de la trampa desde el principio y que solo buscaba una excusa para enfadarse. Sea como fuere, desde aquel día, cuando los griegos ofrecían un animal a los dioses, quemaban en su honor los huesos envueltos en grasa y se quedaban la carne para comérsela.

Pero Zeus no perdonó el engaño. Para castigar a los humanos, les escondió el fuego.

Fue un castigo terrible. Sin fuego, las noches eran largas y negras como el fondo de un pozo. La carne había que comerla cruda, el frío del invierno se metía hasta los huesos y nadie podía cocer el barro para hacer vasijas ni ablandar el metal para fabricar herramientas. Arriba, en el Olimpo, brillaba el fuego de los dioses. Abajo, en la tierra, todo estaba a oscuras.

Prometeo no podía soportarlo. Una noche subió a escondidas hasta donde ardía el fuego de los dioses. Llevaba en la mano un tallo de cañaheja, una planta alta de tallo hueco. Esperó a que nadie mirara, acercó la caña a las llamas y guardó dentro una brasa encendida. Desde fuera no se notaba nada: parecía un palo cualquiera en la mano de un caminante.

Así bajó a la tierra, con el fuego escondido. Y se lo regaló a los humanos.

Aquella noche hubo luz en las casas. Las familias se sentaron alrededor de las llamas, se calentaron las manos y miraron cómo bailaban las sombras en las paredes. Con el fuego aprendieron a cocinar, a cocer vasijas de barro y a trabajar los metales.

Pero desde el Olimpo, Zeus vio brillar a lo lejos aquellas lucecitas repartidas por toda la tierra y comprendió lo que había pasado. Su enfado hizo temblar el cielo.

—Prometeo —tronó—, te crees más listo que nadie, y ahora estás muy contento porque me has robado el fuego. Pero lo vas a pagar caro. Tú y los humanos.

A los humanos les envió un regalo con trampa, una muchacha llamada Pandora, y esa es otra historia. A Prometeo lo mandó encadenar, lejos de todos, con cadenas que nadie podía romper. Cada día llegaba un águila enorme, enviada por Zeus, que lo atormentaba desde que salía el sol hasta que se ponía. Durante muchísimo tiempo, Prometeo aguantó solo.

Hasta que un día pasó por allí Heracles, el héroe más fuerte de Grecia, que era hijo de Zeus. Vio al águila, tensó su arco y disparó una sola flecha. El águila no volvió nunca más. Esta vez Zeus lo permitió, porque quería que la fama de su hijo llegara a todas partes. Y Prometeo, por fin, quedó libre de su castigo.

Así explicaban los antiguos griegos de dónde venía el fuego, el regalo que lo cambió todo: la luz en la noche, el calor en invierno, la comida caliente y las herramientas. Y quizá, cada vez que miramos una llama, estamos mirando un pedacito de aquel fuego que Prometeo bajó del cielo escondido en una caña.

Después de leer

  1. 1. ¿Cómo engañó Prometeo a Zeus al repartir el buey?

    Respuesta orientativa

    Escondió la carne dentro del estómago del animal, que parecía poco apetitoso, y tapó los huesos con una capa de grasa blanca y brillante. Zeus eligió el montón de grasa y debajo solo encontró huesos.

  2. 2. ¿Dónde escondió Prometeo el fuego para bajarlo a la tierra?

    Respuesta orientativa

    Dentro de un tallo hueco de cañaheja: guardó en él una brasa encendida, y desde fuera parecía un palo cualquiera.

  3. 3. ¿Por qué crees que Prometeo usó una caña hueca y no una antorcha?

    Respuesta orientativa

    Porque una antorcha se habría visto desde lejos y los dioses lo habrían descubierto. La caña escondía la brasa y no llamaba la atención.

  4. 4. ¿Qué costumbre de los antiguos griegos explica el reparto del buey?

    Respuesta orientativa

    Que, cuando ofrecían un animal a los dioses, les quemaban los huesos envueltos en grasa y las personas se quedaban la carne para comérsela.

  5. 5. Prometeo desobedeció a Zeus para ayudar a los humanos y lo pagó muy caro. ¿Crees que hizo bien? ¿Conoces a alguien, real o de un libro, que se haya arriesgado para ayudar a los demás?

    Respuesta orientativa

    Respuesta abierta. Valora que tenga en cuenta lo que ganaron los humanos y lo que sufrió Prometeo, que razone su opinión y que aporte un ejemplo.

Palabras para aprender

titán
En la mitología griega, cada uno de los dioses muy antiguos que gobernaron el mundo antes que Zeus y los demás dioses del Olimpo.
Olimpo
Monte de Grecia donde, según los antiguos griegos, vivían los dioses.
cañaheja
Planta alta de flores amarillas con un tallo grueso y hueco por dentro.
brasa
Trozo de leña o de carbón que arde sin llama y está muy caliente y rojo.
atormentar
Hacer sufrir a alguien una y otra vez.

Ideas para el aula

  • Dibuja en una tira de cuatro viñetas el viaje del fuego: del Olimpo a la caña, de la caña a la tierra y de la tierra a las casas.
  • Haz una lista de diez cosas de tu día a día que necesitan fuego o calor (el pan, las vasijas, el vidrio, los metales…) y escribe cómo sería la vida sin ellas.
  • Lee después el mito de Pandora, que continúa esta historia, y explica qué castigo envió Zeus a los humanos.

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