Mito · 9 a 12 años · 7 min
Quetzalcóatl y los huesos del Mictlan
Cuando terminó la cuarta edad del mundo, la tierra se quedó vacía. Las gentes que la habían poblado ya no estaban, y de ellas solo quedaban los huesos, guardados muy abajo, en el Mictlan, el lugar de los muertos.
Los dioses se reunieron, preocupados.
—¿Quién vivirá ahora en la tierra? —se preguntaban.
Quetzalcóatl, la serpiente emplumada, decidió hacer el viaje más difícil de todos: bajar al Mictlan y traer aquellos huesos preciosos. Con ellos se podría crear una humanidad nueva.
Bajó y bajó, por caminos oscuros y fríos, hasta llegar ante Mictlantecuhtli, el señor del Mictlan, y su esposa, Mictecacíhuatl.
—Vengo por los huesos preciosos que tú guardas —dijo Quetzalcóatl.
—¿Y qué vas a hacer con ellos?
—Los dioses están preocupados. Quieren saber quién vivirá en la tierra.
Mictlantecuhtli se quedó pensando. No tenía ningunas ganas de soltar sus huesos.
—Está bien —dijo al fin—. Te los daré si haces sonar mi caracola.
Y le entregó una caracola de mar. Pero era una trampa: la caracola no tenía agujeros. Por mucho que Quetzalcóatl soplara, no sonaría nunca.
Quetzalcóatl no se desanimó. Llamó a los gusanos, que se pusieron a trabajar y le hicieron agujeros a la caracola. Luego llamó a las abejas, que se metieron dentro y empezaron a zumbar. Cuando Quetzalcóatl sopló, la caracola sonó con fuerza por todo el Mictlan.
Mictlantecuhtli no tuvo más remedio que cumplir su palabra.
—Está bien. Llévatelos.
Pero enseguida, en voz baja, les dijo a sus servidores:
—Díganle que tiene que dejarlos aquí.
Quetzalcóatl ya se lo imaginaba. Su nahual, que era como su doble, gritó por él:
—¡Ya vendré a dejarlos!
Mientras tanto, Quetzalcóatl reunió los huesos, los de hombre por un lado y los de mujer por otro, hizo con ellos un bulto y echó a correr hacia arriba.
Mictlantecuhtli se dio cuenta del engaño.
—¡Quetzalcóatl se lleva los huesos preciosos! —gritó—. ¡Hagan un hoyo en el camino!
Sus servidores cavaron un hoyo. Quetzalcóatl corría tanto que no lo vio. De pronto, unas codornices salieron volando delante de él y lo asustaron. Quetzalcóatl tropezó, cayó en el hoyo y se quedó tendido, sin sentido, un buen rato. Los huesos se le escaparon de las manos, se esparcieron por el suelo y se rompieron en pedazos, y las codornices los picotearon.
Cuando volvió en sí, Quetzalcóatl lloró al ver los huesos rotos.
—¿Qué voy a hacer ahora? —le preguntó a su nahual.
—¿Qué vas a hacer? —le contestó—. Ya se echó a perder. Que salga como pueda salir.
Quetzalcóatl recogió los pedazos, uno por uno, los envolvió y se los llevó a Tamoanchan, el lugar de los dioses. Por eso, dicen quienes cuentan este mito, las personas no somos todas iguales: hay altas y bajas, grandes y pequeñas, porque los huesos se rompieron en trozos de distintos tamaños.
En Tamoanchan, la diosa Cihuacóatl, a la que también llamaban Quilaztli, tomó los huesos y los molió con mucho cuidado, como se muele el maíz en el metate, hasta convertirlos en una harina fina. La puso en una vasija preciosa. Entonces Quetzalcóatl y los demás dioses hicieron penitencia y entregaron algo de su propia vida para mezclarlo con aquella harina. Y de esa mezcla nacieron los nuevos hombres y mujeres.
Por eso decían los nahuas que las personas le deben la vida al esfuerzo de los dioses, que hicieron penitencia por ellas. Pero los nuevos humanos todavía no tenían qué comer. Lo que hizo entonces Quetzalcóatl, convertido en hormiga, se cuenta en la leyenda del origen del maíz.
Después de leer
1. ¿Qué prueba le puso Mictlantecuhtli a Quetzalcóatl?
Respuesta orientativa
Le pidió que hiciera sonar una caracola de mar, pero la caracola no tenía agujeros y era imposible que sonara.
2. ¿Quiénes ayudaron a Quetzalcóatl a superar la prueba y cómo lo hicieron?
Respuesta orientativa
Los gusanos le hicieron agujeros a la caracola, y las abejas se metieron dentro y zumbaron para que sonara.
3. ¿Por qué crees que Mictlantecuhtli le puso una prueba imposible?
Respuesta orientativa
Porque no quería entregar los huesos y esperaba que Quetzalcóatl no consiguiera superarla.
4. ¿Qué explica este mito sobre los seres humanos?
Respuesta orientativa
De dónde vienen: de los huesos de la edad anterior, molidos por Cihuacóatl y mezclados con la penitencia de los dioses. Y también por qué las personas tienen tamaños distintos.
5. Para superar la prueba, Quetzalcóatl necesitó a unos animales muy pequeños. ¿Qué te parece que los gusanos y las abejas sean tan importantes en la historia?
Respuesta orientativa
Respuesta abierta. Valora que comente que nadie es demasiado pequeño para ayudar y que Quetzalcóatl usó el ingenio y la colaboración en vez de la fuerza.
Palabras para aprender
- Mictlan
- Para los antiguos nahuas, el lugar adonde iban los muertos, en lo más hondo de la tierra.
- caracola
- Concha grande de un caracol de mar. Si se le hace un agujero en la punta, se puede soplar como una trompeta.
- nahual
- En este mito, una especie de doble o compañero de Quetzalcóatl que habla por él.
- codorniz
- Pájaro pequeño y redondo, de color pardo, que vive en el suelo y vuela poco.
- metate
- Piedra plana sobre la que se muele el maíz con otra piedra alargada.
- penitencia
- Sacrificio, como ayunar o renunciar a algo, que se hace como ofrenda a los dioses.
Ideas para el aula
- Lee después la leyenda del origen del maíz y escribe cómo continúa la historia de los nuevos humanos.
- Dibuja una tira cómica con las pruebas del viaje de Quetzalcóatl: la caracola, los gusanos y las abejas, el hoyo y las codornices.
- Investiga qué relación tiene el Mictlan con las celebraciones del Día de Muertos en México.